jueves, 30 de enero de 2014

Zara abrirá su octava tienda en Manhattan

La octava tienda de la cadena Zara en Nueva York abrirá sus puertas en el número 222 de la popular calle Brodway en el distrito financiero de Manhattan y cuenta con una superficie cercana a los 2.800 metros cuadrados.


El alquiler en la zona donde Zara abrirá su nuevo local ronda los 5.300 dólares el metro cuadrado en la planta de la calle.

miércoles, 29 de enero de 2014

Convocada para este viernes décima sexta subasta del SICAD

Este miércoles 29 de enero de 2014, el Banco Central de Venezuela (BCV) convocó la décima sexta subasta del Sistema Complementario de Administración de Divisas (Sicad), por un monto total de US$ 220 millones.

Podrán participar empresas de los sectores:

-          Papel, cartón y madera: madera, carbón vegetal y manufacturas de madera, pasta de madera y manufacturas de pasta de celulosa, de papel o cartón (capítulos arancelarios 44, 47 y 48).
-          Químico: productos químicos (capítulos arancelarios 28 y 29).
-          Salud: productos farmacéuticos (capítulo arancelario 30).
-          Textil y calzado: bienes finales, materias primas e insumos para su fabricación (capítulos arancelarios 61, 62, 63 y 64).

La recepción de las órdenes de compra por parte de las instituciones autorizadas se inicia este jueves 30 de enero, a las 9:00 am, y finalizará el viernes 31 de enero, a las 12:00 m. La adjudicación y anuncio de los resultados están pautados para el martes 4 de febrero. El BCV informará el monto subastado y el monto global adjudicado. Las liquidaciones se harán el miércoles 5 de febrero de 2014.

Los participantes podrán ofertar por un mínimo de US$ 5.000 y por un máximo de 0,5% del monto total de la subasta. El múltiplo de la orden de compra es de US$ 1.000.


Los términos de participación en la subasta pueden ser consultados en el módulo de información del Sicad, en la página web del instituto emisor (
www.bcv.org.ve).

sábado, 25 de enero de 2014

De ocupación, puta

El mesonero ya me conoce. Cuando comencé a frecuentar el restaurante, me preguntaba que quería tomar; tiempo después, me saludaba cortésmente y sin preguntar, me llevaba a la mesa mi copa de vino blanco. El vino me relaja y prepara para el trabajo. Nunca sé con certeza que tipo de cliente me espera y lo cierto es que el vino, poco a poco va trayendo sobre mi conciencia una especie de nube gris, que cuál nubarrón que preludia tormentas, me prepara hasta para la peor de las circunstancias.

Mis copas siempre son acompañadas con uno o varios cigarrillos, eso depende de cuánto tarde mi cliente. En general, no tengo que esperar mucho, los clientes vienen a lo que vienen: a cerrar un negocio. Pero no siempre es así. Me ha tocado atender clientes a los que incluso se les dificulta caminar y mientras los minutos pasan inexorablemente y se van convirtiendo en cuartos y medias horas, pienso. Cavilo, imbuida en los efectos relajantes del vino y la estela de humo gris que se dibuja alrededor de mi rostro en su paso hacia las alturas.
El jueves fue uno de esos días en los que pensé. La cita estaba pautada para las seis de la tarde, y a las seis y diez mi cliente aún no llegaba. Yo llegué puntual, como de costumbre. Yo en eso soy muy británica, pero el venezolano promedio no lo es y las excusas sobran en la ciudad. La cola está infernal, es uno de los subterfugios más usados en una urbe en que las autopistas parecen estacionamientos en las horas pico. A mí, la puntualidad me obliga a salir de casa por lo menos con dos horas de antelación. Llegué y el mesonero trajo a la mesa una botella de vino blanco y una copa. Mientras él servía el vino, yo encendí mi primer cigarrillo. No sé el motivo por el que mis pensamientos me llevaron al Metro, lugar que debía estar a reventar a esas horas y las personas que en sus andenes viajaban, obligadas a tocarse mutuamente por todos los costados, estarían desesperadas por llegar a sus destinos. Yo pasé por eso de andar en camionetica y Metro, pero la verdad es que la experiencia no me gustó. Lo mío no era eso, no era lo popular, aquello que olía a individuos sudados después de un largo día de trabajo o a perfumes un tanto baratos. Lo mío era el restaurante a las seis de la tarde, mi copa de vino, mi cigarrillo humeante dibujando cualquier figura a su discreción y por supuesto, mis clientes, sin los cuales es imposible sostener mi estilo de vida.
En muchas oportunidades, pensaba en lo que sería de mi vida de seguir trabajando en la oficina. La misma rutina, indudablemente. Sí. Quizá aún me despertara todos los días a las cinco y media de la mañana, llegaría al trabajo a las ocho, almorzaría a las doce, saldría a las cinco y a esa hora, emprendería el retorno a mi casa. Bueno, a mi casa no, a la casa que le alquilaba a alguien más. De seguro, tendría los fines de semana libres y posiblemente el sueldo no me alcanzaría para mucho. Lo cierto es que así viví durante muchos años, hasta que conocí a Brigitte.
Cuando Brigitte me vio caminar por los pasillos del Sambil, me abordó. No recuerdo de que otras cosas conversamos, lo cierto es que me dijo que era puta. Sí, puta. Pero no de las cualquiera, de las del montón, de las que caminan entaconadas la Libertador; sino de una élite de trabajadoras con clientes importantes, que podían alcanzar sus sueños económicos en muy poco tiempo. Brigitte era como la madame y me dijo que tenía a un cliente interesado en una mujer como yo. ¿Una mujer cómo yo?, pregunté sorprendida. La verdad es que yo en aquel entonces era una mujer normal; más que normal, corriente. Era rubia natural, atributo físico heredado de mis ascendentes europeos y tenía buenas piernas y caderas, pero lo que era pecho, de eso tenía poco. Brigitte me comentó que así, tal cual: rubia, alta, con buenas piernas y caderas y con poco busto me quería su cliente. Preguntó cuanto ganaba al mes y cuando le respondí, me dijo que en una hora con ella, ganaría mucho más que eso.
Intenté no pensar mucho ni enfrentarme a dilemas morales. La moralidad a veces funciona como un freno para la superación. Iba a ganar plata que era lo que me interesaba y plata con la que podría rodearme de lujos. No tendría que vivir con las limitaciones del quince y último. Simplemente era una nueva forma de ganarme la vida. A Brigitte, le dije que sí.
El primer cliente fue un señor bastante mayor, como de unos noventa años que más que sexo, lo que quería era conversar. Llegué puntual a la cita. Me esperaba en una suite del Eurobuilding. Brigitte me dijo que debía hacer lo que él quisiera y como sexo no quiso, ni me preocupe en insinuarme. Sólo escuché atentamente. Me habló de sus hijos y nietos. Que no lo querían. Me dijo que se sentía muy solo. Esa noche únicamente escuché, cenamos y tomamos vino blanco. Cuando salí de la habitación, en mi cartera me acompañaba un gran fajo de billetes verdes como pago por mis servicios. Con lo que cobré esa noche, me agrandé el busto.
Esa ha sido la única vez que no he tenido sexo con un cliente. De ese momento en adelante, mi vagina se convirtió en una especie de punto de venta por donde pasan falos como en el punto de venta pasan tarjetas. Y el vino blanco me ayuda, sobre todo para aceptar aquellas tarjetas que no son de mi completo agrado. Siempre me acompaña. He tenido clientes maravillosos, extranjeros de una belleza espectacular con los que definitivamente me hubiese acostado hasta gratis; pero también me han visitado clientes tan pero tan feos, que ni los efectos del vino blanco o algún porro de maría, han sido suficientes para hacer el encuentro placentero.    
Los pensamientos se disipan cuando un hombre de unos cuarenta y cinco años se acerca a mi mesa. Está bien vestido y huele a Jean Paul Gaultier. Ese perfume me enloquece. Sus modales son exquisitos. Pregunta si soy Paola, a lo cual respondo afirmativamente. Se sienta. Empezamos a conversar y pide la carta. Está en Venezuela por trabajo. Viene de España a hacer importantes negocios en telecomunicaciones. Cenamos y seguimos charlando. Tomé más vino porque me gustaba, no porque fuese necesario. Abandonamos el restaurante rumbo a la habitación. El mesonero hace tiempo sabe lo que soy. Una puta. Una mujer que intercambia placer por un nivel de vida envidiable. No madrugo, no tomo el Metro, no tengo un jefe insoportable. No es por nada, pero prefiero ganarme la vida así, antes que trabajando desde que sale el sol hasta que se oculta; ganando apenas cuatro lochas. Ganarse la vida así, tiene sus recompensas. Casi todo se hace en la cama y cuando el cliente te gusta, más que un trabajo o una forma de ganarse la vida, es un pasatiempo delicioso.
La historia se repite casi todos los días. Mientras la mayoría empieza su jornada a las ocho de la mañana, la mía se inicia después de las seis de la tarde. La noche siguiente, la del viernes, mientras el mesonero me servía la copa, dejó caer una nota. En una servilleta, con letra un tanto irregular, me preguntaba cuánto cobraba por mis servicios. Nunca me había detenido a mirarlo, pero era bastante seductor. Recordé aquellos momentos de niña, en los que el dueño de la panadería me regalaba los dulces que mi madre no podía pagar. Yo no era dueña de una panadería, pero era la propietaria de un cuerpo que el atractivo mesero no podía pagar. Él me había servido el vino por más de dos años. Respondí en la servilleta e hice señas para que se acercara. Seductoramente guarde la nota en el bolsillo de su camisa blanca. Por primera vez, embarqué a un cliente y valió la pena. Esperé al chico hasta su hora de salida y nos fuimos a mi apartamento. No me pagó con dinero, pero lo hizo con el mejor sexo que había disfrutado en mi vida. Desde ese día, una vez a la semana, Alejandro va a mi casa y me hace sentir las cosas que el resto de los hombres no me despiertan en los otros seis días. Vale decir que con Alejandro, no hace falta el vino blanco.


Este texto fue presentado como ejercicio hace algunos años en un taller de narrativa.

martes, 21 de enero de 2014

Decir adiós...


Decir adiós no es fácil. La sola palabra implica perder un beso, dejar ir una caricia o no recibir nunca más su abrazo. Quizá por eso le tememos tanto a la muerte. El adiós más largo y eterno. Sabes que ese a quien se traga la tierra nunca más podrá regalarte ni una sonrisa, ni fastidiarte con un regaño.
Hoy dije adiós. Adiós a una ilusión y a un sentimiento. Mis dedos, así como mis ojos, lloran. Estas líneas son ese llanto. Hoy me despedí de abrazos, de besos y de caricias. De una sonrisa. De una cabellera negra y de una piel un tanto canela que me enloquecía. Aunque no sé si realmente la despedida fue hoy, porque también me despedí de sus ausencias y sus hastíos. Y sé que es un adiós como el de la muerte, por eso me dolió tanto. Porque fue un adiós sin un abrazo. Un adiós ahogado entre sus risas y solo por eso sé que fue mejor decir adiós.

El amor o el afecto, para mí, es un sentimiento que se expresa. No se tiene guardado en la gaveta de las posibilidades. Cuando amo, cuando quiero; lo digo, lo grito y lo escribo. He llegado a pensar que eso tiene que ver con la muerte de mi tía Daniela hace ya tantos años. La mañana antes de su muerte discutimos por una tontería, doce horas después, solo pude ver su cadáver dentro del ataúd. Se fue para siempre y quizá el último recuerdo que se llevó de mi fue el de la discusión en la mañana. Sé que ella sabía que la amaba, que la idolatraba con el alma, pero nunca se lo dije. En ese instante, la vida, con sus golpes certeros, me enseñó a decir te quiero, te amo, gracias, te extraño y hasta te necesito. La vida es una ruleta. No sabes en que momento alguien a quien quieres te lo arrebata lo inexplicable.

De este adiós siento que me voy sin deudas. Entre otras cosas porque me fui queriendo con el corazón y con cada poro de mi piel, pero para mí fue necesario. Una relación no se sostiene con una sola persona. Nada que esté diseñado para sostenerse con dos miembros puede hacerlo solo con uno. Por algo un diálogo es de dos y un monólogo de uno. En el camino el diálogo se convirtió en monólogo. De los te adoro pasamos a los SI, OK y HABLAMOS LUEGO. Del hablar hasta el amanecer pasamos a detestarnos todo el día y ya. Una relación sana no se sostiene con amarguras ni egos descontrolados. El amor hacia los demás pasa necesariamente por el amor que uno se tiene y cuando sientes que sabes más de esa persona por su TL de Twitter que por lo que conversa contigo, hay algo que no marcha. Me fui siendo el culpable de todo, según su apreciación. Tal vez. Aunque siempre he pensado que así como se necesitan dos para enamorarse, se necesitan dos para el proceso inverso. El tema, como en el de la evolución, no es preguntar algo en el que las partes en pugna jamás podrán ponerse de acuerdo, como ¿fue primero el huevo o la gallina? En materia de relaciones, echarse las culpas sin asumir las propias tampoco es lo mejor.


Me llevo un monólogo atragantado, preguntas sin respuestas y respuestas sin preguntas. A veces el adiós es así. No te da tiempo de nada. Solo sé que quise sin condiciones y que si me llevaran a un juicio podría demostrar cuanto le quise, pero a veces, incluso queriendo, decir adiós es necesario.

sábado, 18 de enero de 2014

¿Cómo triunfar en una entrevista de trabajo?


Cuando recibes esa llamada que tanto esperabas por parte del analista de reclutamiento de una empresa, sabes que como tú, otros tantos recibirán la misma llamada. Hasta ese momento, solo has resultado preseleccionado para asistir a una entrevista y sabes que se abrió la primera puerta para venderte. Lo que debe entender toda persona que va a una entrevista de trabajo es que más que un momento para responder preguntas, es una oportunidad única para venderse como un producto, para sorprender a ese comprador cautivo que finalmente será quien filtre más la larga lista de aspirantes. Como verás, no todo depende de la ropa y la apariencia. La actitud es en estos casos decisiva.

Estos tips te ayudaran a ser el mejor en una entrevista de trabajo:

No demuestres nervios ni ansiedad. Aunque te enfrentas a un desconocido que sabes que está evaluándote, conviene que te muestres calmado. Para esto ayuda haber ensayado previamente la entrevista, haciendo y respondiendo preguntas un tanto típicas en estos casos. Ensaya en casa respuestas a planteamientos sobre tu experiencia, las cualidades que puedes aportar a la empresa, tus metas en la vida y en el cargo al que te postulas, momentos de vida, etc. No dejes por fuera establecer cuáles son tus conocimientos específicos que puedes aplicar al cargo ofertado. Trata de llegar con unos pocos minutos de antelación a la cita de forma que puedas descansar un poco mientras esperas y hacer algunos ejercicios de respiración discretamente. Proyecta bien la voz. No hables ni muy bajo, ni tan alto que el entrevistador sienta que lo gritas.

Tú eres el producto. Ese día tienes que estar consciente que vas a vender tus “atributos” a un empleador, por lo que debes conjugar una serie de factores para ser seleccionado. No solo se trata de ir bien vestido. De seguro, si vas bien vestido pero no proyectas seguridad en tus respuestas, el resultado no será el que esperas. Ir bien vestido no significa que debas ir de “marca”. Implica que debes llevar lo mejor que tengas, en las mejores condiciones y combinado o contrastado con buen gusto. Recuerda que frente al estante del supermercado ningún cliente se lleva la bolsa rota, entonces evita llevar algo feo o fuera de lugar. A una excelente presencia física, súmale seguridad en la descripción de tus talentos y de tus empleos anteriores. Resalta con énfasis lo positivo de ti, pero tampoco niegues lo negativo si te lo preguntan. En tu proceso de marketing personal no olvides tus 4 P´s. Tú eres el producto y debes procurar destacar sobre el resto. Procura que tu precio, lo que la empresa te pagará, esté acorde a tus conocimientos y necesidades. Utiliza todos tus conocimientos y habilidades para tu promoción. Y no olvides que estas en una plaza, la oficina de un analista de RRHH vendiéndote.

Conoce la empresa. Generalmente el entrevistador pregunta si conoces algo sobre la empresa. La respuesta a esta pregunta es importante ya que entre otras cosas demuestra el grado de interés hacia la nueva propuesta. Procura revisar la página web de la empresa y conocer un poco de su historia, de los productos y servicios que ofrece, etcétera. Eso te sumará puntos. Siempre está quien no lo hace.

Llega a tiempo. Llega al menos cinco minutos antes de la entrevista, no media hora antes o cinco minutos tarde. Entre diez y cinco minutos antes es el tiempo ideal para que te anuncien y la persona ya sepa que estás en la empresa.

Finalmente, sé tú mismo. No intentes fingir ser lo que no eres. Los reclutadores están entrenados para detectar mentiras. Habla abiertamente de lo que sabes, de tus fortalezas y no ocultes aquello que no manejas. Hay momentos en que se valora la sinceridad del candidato. Al final del día, si resultas seleccionado, siempre se te juzgará por las cosas que dijiste u ofreciste en la entrevista inicial.


En estos días en que encontrar un buen empleo es tan complicado en Venezuela, es importante que tomes nota de estos tips y te luzcas. Éxito.

Daniel González G.

domingo, 12 de enero de 2014

¿Cuánto cuesta el sexo en la Venezuela de hoy?


El sexo. Un tema. A todos nos gusta. Todos lo disfrutamos y solo muy pocas veces nos sentamos a pensar cuánto cuesta su práctica y lo cierto es que el sexo, como expresión de amor en algunos casos, como mercancía en otras o como medio de placer, implica costos, costos desde el momento en que tienes que comprar un paquete de preservativos para protegerte de enfermedades de transmisión sexual y en muchos casos hasta que se consuma el acto sexual, si por ejemplo tienes que pagar un hotel cuyas tarifas están por las “nubes”.

Asumamos que ya tienes con quien acostarte y no tienes que recurrir a una página de “masajistas” para escoger la que será tu mercancía por unas horas. Porque si no es el caso, debes sumarle el valor de la hora que depende, entre otras cosas, de cuán explotad@ está él o la masajista. Dando por sentado que ya tienes con quien echar un polvo, lo primero que debes pensar es en la protección. En dos platos, preservativos y/o pastillas anticonceptivas. Los primeros ayudan a hombres y mujeres a prevenir contagios de infecciones de transmisión sexual y evita traer más desempleados al mundo y las segundas sólo las ayudan a ellas. Una caja de preservativos cuesta en el mercado entre 40 y 80 bolívares, dependiendo claro está, de la marca. Señores, el intangible se paga. Así como no es lo mismo una franela Armani que una de buhonero con un enorme “ZARA” al frente, tampoco es lo mismo un Trojan que un Duo y si hablamos de pastillas anticonceptivas estas pueden superar, sea cual sea el nombre comercial, los 150 bolívares.

El panorama se complica si no tienes un “techo” donde tener sexo, porque así como los precios del resto de los servicios de este país están más cerca de Dios que nuestras súplicas de que este gobierno caiga, las tarifas de los hoteles no han sido la excepción. Un hotel “decente” y con decente me refiero a que las sábanas al menos parezcan limpias y no den la impresión que fueron las mismas que usaron los huéspedes anteriores –aún sin lavar- tiene tarifas que oscilan entre los 1500 y los 2500 bolívares. Unos incluyen desayuno y otros no y si te vas a uno de los que no, súmale a los gastos el desayuno para dos en cualquier panadería o arepera de la ciudad. Pero el hotel “decente” es simplemente la media. Están los hoteles cinco estrellas para los bolsillos más pudientes y los vulgares tiraderos en donde las cucarachas y ratas son vouyeristas en tu encuentro. En conclusión, dependiendo de tu bolsillo, las opciones van desde los 500 hasta los 7 mil bolívares o más, sólo en hotel.

Y si antes del hotel hay un “preludio”, osea, una cenita, unas copitas, un cine o un teatro, los números siguen subiendo. Un cine para dos puede salir en unos 400 bolívares, con películas y cotufas hipersaladas incluidas. Una función de teatro puede rondar el mismo monto y una cena, dependiendo del sitio, pónle como monto mínimo unos 900 bolívares, eso sin pedir postre –que a veces cuesta la torta la mitad que el plato principal- ni bebidas alcohólicas.


Ante este panorama, un polvo o unos cuantos minutos de placer, como lo quieras ver, puede ser en el extremo “pobre” el equivalente o bastante cercano a un salario mínimo vigente en esta “patria, patria, patria querida” y en el extremo oligarca, a unos dos o tres salarios mínimos. Señores, eso cuesta un polvo, así que excepto que tenga mucho dinero para gastar, hágalo únicamente con alguien valga la pena y si no, la masturbación es como el nuevo Iphone 5C, la opción de bajo costo, pero no la mejor ni la más satisfactoria. Sin duda, no es lo mismo masturbarse que tener sexo con alguien.

sábado, 11 de enero de 2014

El asesinato de Mónica, el cinismo de Maduro y la inseguridad como política


El cruel asesinato de la ex miss Venezuela, Mónica Spear y su pareja, desnudó ante el mundo al gobierno de Nicolás Maduro. Un gobierno irresponsable que unido al del difunto Chávez ya lleva más de 15 años en el coroto y que aún por estos días tiene la osadía de culpar de problemas como este a los gobiernos anteriores. Tan solo un día antes de que se conociera la noticia de Spear, su pareja y su pequeña hija de apenas 5 años, el ministro de Turismo de Venezuela, Andrés Izarra –tristemente célebre por su risa sarcástica y a todo gañote en un programa de CNN donde se debatía el tema de la delincuencia- decía respecto a este mismo tema que el tema de la delincuencia era, palabras más palabras menos, manipulado por los medios de comunicación. El asesinato de Mónica Spear le dio una cachetada a este y al cínico mayor y los dejó ante el mundo en la calle mostrando sus verguenzas.


En Venezuela, la muerte de alguien que se llame Pedro Pérez o quizá, Manuel López, no le afecta a nadie más que a su familia. A efectos del resto de la sociedad es un número más que pasa a engrosar la abultada lista de homicidios del país y no es para menos. Los venezolanos nos hemos acostumbrados a convivir con los homicidios y con los malandros. Estos ya no están en sus guaridas. No. Viajan en sus motos por toda la ciudad causando terror a los ciudadanos de bien y otros tienen su centro de operaciones en el Metro de Caracas y en los matorrales de la autopista. Nos hemos habituado a que vivir en Venezuela es una ruleta rusa. Sales de tu casa sin saber si regresarás. La muerte nos respira al oído y de cuando en cuando, hasta nos besa. Solo logramos reaccionar cuando la víctima no es el habitual padre de familia atacado a mansalva saliendo de su trabajo o el joven anónimo a quien además de robarle el celular le disparan en el pecho. A inicios de año se supo que la cifra de muertes violentas ascendió a más de 20 mil en 2013. La sociedad solo reaccionó y protestó porque apenas unos días después, una de las víctimas fue una conocida actriz de la televisión de habla hispana en el mundo, la ex miss Mónica Spear.

El crimen de Mónica devela algunos rasgos del malandro de nuestros días, hecho en el socialismo de Chávez y el continuado de Maduro. El hombre nuevo, el malandro del siglo XXI mata con saña. Pareciera que el fin último no es despojar a la víctima de sus pertenencias, sino verlo agonizar mientras se desangra. El discurso del régimen, inflado de un odio inclemente hacia lo que ellos consideran la “burguesía apátrida”, hace a estos culpables de despojar a los pobres de lo que les “corresponde”. Ese discurso obvia intencionalmente, entre otras muchas cosas, que en la sociedad hay que trabajar para lograr dignamente las cosas y que ese trabajo constante te puede sacar hasta de las peores situaciones, pero no, el discurso que sigue alimentando Maduro es el de odia a quien tiene lo que a ti te falta. Allí están los resultados. Muertos y más muertos y entre ellos, una persona conocida en el mundo, su esposo y una pequeña inocente herida y marcada de por vida tras vivir el traumático hecho. Esos miserables no merecen algo distinto a lo que hicieron, ya que además no deben ser los primeros muertos de su historial. Ante una situación como esta, de saña desbordada, de indolencia, el mensaje institucional debería ser distinto al “mano dura”. La sociedad debería debatir el uso de la cámara de gas, de la silla eléctrica o la inyección letal para esta gentuza que asesina como si esto fuera un deporte. También el crimen de Mónica desnuda al régimen porque se ha demostrado que alguno de los desalmados que actuaron en el hecho ya habían visitado la cárcel y nuestro sistema de justicia no había hecho nada y es que es eso, nuestro sistema de justicia, al igual que el país, es un estercolero.

Pero el gobierno, aparte de seguir prometiendo planes de seguridad a los que nunca se le han visto ni se le verán resultados, arremete contra quienes han alzado su voz por este caso y llaman a no “politizar” el tema. No se trata de politizar el tema porque el mismo es ya, de hecho, político. La política de seguridad, así como la económica, la de salud o la educativa, no la lleva el barrendero de la plaza Bolívar de Caracas. No. Son todas responsabilidad del gobierno de turno y este lleva 15 años “fracasando” y lo encierro entre comillas por una razón que creo fundamental. Coincido con María Corina Machado, quien ha dicho que la inseguridad es política de Estado. El primero en defender la tesis del pueblo en armas fue el “comandante supremo” de la revolución y repartieron armas a diestra y siniestra sin ningún control. ¿El fin? La defensa de la revolución. El gobierno entiende, además, que el miedo paraliza a una sociedad y lo sabe. La gente a las 10 de la noche anda encerrada en su casa y las plazas están vacías. Ya no se sale a protestar y ni pensar en acercarse a los “palacios” donde funcionan los poderes públicos y es que la sociedad sabe que lo primero que hará, será encontrarse de frente con estas bandas armadas, tarifadas y al servicio primero del gobierno de Chávez y ahora del gobierno de Maduro. Es por esto que no creo ni creeré en ningún plan de seguridad de este gobierno, ni en las promesas que en torno a esto se hagan.


El viernes, Maduro enfiló su decadente artillería verbal hacia quienes piensan que en el país no se puede vivir y quienes han declarado que no pondrían otra vez un pie en estas tierras de Bolívar. Apátrida fue lo más bonito que los llamó. Uno entiende que alguien que tiene más escoltas que puntos de coeficiente intelectual no le preocupe su vida, pero lo cierto es que el resto de los ciudadanos, los que de vaina tenemos un “ángel de la guarda”, el tema de la inseguridad en el país es un problema. Jamás criticaré a quienes se van de aquí protegiendo su integridad física y sus pertenencias y menos a quienes se nieguen a regresar a un país peor al que dejaron. Es un tema de supervivencia, de tranquilidad, de poder salir sin sentir cerca a la sombra de la muerte. No son apátridas, Nicolás, son inteligentes y más que eso, afortunados. Lo de Mónica es lamentable desde todo punto de vista. En primer lugar, nunca debió ocurrir, así como no debieron morir asesinados un montón de esos que no son famosos, pero lo peor es que la causa emprendida en su nombre es fatua y finita. Seguirán los muertos, pronto muchos olvidarán el brutal crimen y como al gobierno de turno le conviene, el hampa desalmada seguirá reinando en nuestras calles y autopistas. Quizá se vuelva a protestar cuando alguien importante vuelva a sumarse a una lista de nombres y apellidos, en general, sin “abolengo”. 

viernes, 3 de enero de 2014

Ganancia de concesionarios no superará el 30%

Claudio Farías, diputado a la AN, informó que los concesionarios en el país tendrán un margen de ganancias de hasta 30%, luego de que se publique la lista con los “precios justos” de los vehículos que se espera para el próximo martes.



En una entrevista concedida a Radio Nacional de Venezuela, señaló que el sector automotriz tiene capacidad para ensamblar 150 mil vehículos, pero la producción se ubica en alrededor de 100 mil.

miércoles, 1 de enero de 2014

El 2014 y la herencia económica del 2013

@GonzalezGDaniel

El 2013 económicamente hablando, no fue bueno para una parte del país y digo una parte dejando por fuera de forma intencional a quienes la crisis no les toca ni de cerca, gracias a sus empresas de maletín y las jugosas ganancias que obtienen de esa operación sencilla de comprar dólares a 6,30 bolívares y operarlos luego a precios impublicables, pero, lamentablemente estos pocos no son representativos de la enorme cantidad de venezolanos cuyo acceso a los dólares está tan restringido como su acceso al papel tualé.


El Banco Central de Venezuela en un acto de complicidad obscena con el gobierno, publicó en los últimos días del año que recién termina el reporte de inflación de noviembre con muchos días de retraso y sospechosamente, también dio a conocer la proyección de la inflación de diciembre con muchos días de antelación, situación que ha creado entendibles suspicacias no solo entre el gremio de economistas, sino también en el de las amas de casa que no creyeron mucho eso de que la inflación del último mes del año sería apenas de un 2,2%. Lo cierto es que con esos números la inflación de 2013 cerraría alrededor del 56% y con ese precedente entramos en 2014, un año que no promete muchas mejoras, si se tiene en cuenta que la aceleración de la inflación no ha obedecido a la “guerra económica” que esgrimió Nicolás Maduro como tesis y que defiende también el genuflexo BCV rojo rojito. La inflación en Venezuela, amigos lectores, obedece a una mezcla mortal de excesiva liquidez auspiciada por el BCV, producción casi nula y escasez de bienes exagerada. Muchos bolívares intentando comprar cada vez menos cosas. El panorama, ciertamente, no se muestra muy alentador para 2014.

Sobre el control de cambio, aún a finales del año pasado, pesaba una atmósfera de misterio. ¿Devaluarán? ¿No devaluarán? ¿Se mantendrá Cadivi? ¿Cuál será el nuevo mecanismo de asignación de divisas? Las especulativas malas lenguas dicen que el tipo de cambio oficial podría subir de 6,30 bolívares por dólar a alrededor de 11,30 bolívares por dólar y que esto podría ocurrir en cualquier momento de 2014. Lo cierto es que un gobierno derrochador como este, cada día necesita más bolívares. No de gratis el tema del incremento del precio de la gasolina para los venezolanos –no para los chulos extranjeros a quienes se las vendemos para que las paguen en cómodas cuotas de tarde, jamás y nunca-, está en el tema desde hace ya varias semanas. Devalúen o aumenten la gasolina o hagan las dos cosas, indudablemente tendrá impacto en los precios que los consumidores finales pagan por los bienes.

El desempeño de la economía en 2013 fue pobre. El mismo presidente de la República lo reconoció a final de año. No llegamos a crecer ni 2%, 1,6% para ser exactos. ¿Estanflación? Depende del cristal con que se miré, pero lo cierto es que la economía ha desacelerado su ritmo y la inflación avanza, sí, a paso de vencedores. Lo preocupante es que no hay señales claras que permitan proyectar en el corto plazo un cambio para esta tendencia, sobre todo en un gobierno que copia y exagera el discurso espantador de inversiones del difunto Hugo Chávez.

Por lo pronto, debemos prepararnos para seguir enfrentando una situación económica delicada en 2014. Comprando lo que se encuentre. Haciendo largas colas y buscando, a muerte, la forma de optimizar los exiguos ingresos que mes a mes consume la inflación. Durante los próximos días daré algunos tips para la mejora de las finanzas personales en esta continuación de los tiempos de revolución.

Daniel González G.