viernes, 19 de diciembre de 2014

De la prostitución de los medios… y la dignidad de RCTV

“Una democracia auténtica precisa de unos medios de comunicación independientes”
Stéphane Hessel

“Estamos sembrados en el corazón de todos los venezolanos”
Marcel Granier

Para los que conocimos a los guerreros canales de televisión que combatieron al gobierno de Chávez, no nos era difícil pensar que sus días como los conocimos estaban contados. Tras los sangrientos sucesos de 2002, cuenta la leyenda que en junio de 2004, Gustavo Cisneros y Hugo Chávez se reunieron en la residencia de quien era ministro de la Defensa. A partir de allí, el cambio en Venevisión fue notorio. Contrario al canal 4, RCTV no bajaba el tono y peleaba con uñas y dientes por la democracia del país. El jueves 28 de diciembre de 2006 el tirano dictó la sentencia de muerte y tras una ardua lucha, se impuso la tiranía. El 27 de mayo de 2007, Radio Caracas Televisión finalizaba sus transmisiones en señal abierta.


Nos quedaban a los venezolanos cada vez menos ventanas informativas y de opinión independientes. Venevisión no se solidarizó como empresa con su más férreo competidor, no así sus trabajadores y muchas de sus estrellas más emblemáticas. Televen mantuvo una postura menos rastrera que el canal de La Colina y Globovisión, desde La Florida, se mostró como un amigo solidario. Los críticos espacios de opinión de las mañanas, fueron sustituidos progresivamente por una parranda de brujos que te dicen qué color vestir en el día y te recomiendan el número de la suerte. Solo Globovisión, el canal de la música “macabra” mantenía una actitud combativa frente a la dictadura. Por el lado de la prensa escrita, El Universal y El Nacional, los diarios de mayor alcance nacional, también batallaban.

El tirano, aunque públicamente no lo reconoció, pareció entender que el cierre de un canal de televisión, póngasele el nombre que se le ponga, no es muy bien visto en el mundo. Así las cosas, sometió a Globovisión a sendos procedimientos administrativos por cuanta cosa se les ocurría. Globovisión batalló hasta que en una edulcorada carta, Guillermo Zuloaga decía prácticamente que había vendido el canal por la estabilidad de sus trabajadores. “Me hizo una proposición (refiriéndose a Juan Domingo Cordero), que sin ser lo que los accionistas hubiéramos aspirado, me vi obligado a aceptarla ya que permitiría una solución que le daría proyección en el tiempo a Globovisión y permitiría mantener nuestra nómina de casi 500 personas, que es para mí la mayor preocupación”. Sí Luis, diría mi madre. Meses después de concretada la venta y que la nueva directiva asumiera las riendas del coroto, todos los periodistas simbólicos de la planta eran un simple verbo conjugado en pasado. Pasamos del canal que cubría en vivo las manifestaciones de la oposición y los hechos de sangre en los penales del país, al que se encadena con la señal de VTV a cada instante. La prostitución de Globovisión no la pudo ver el tirano. La venta se produjo meses después de su muerte.

Con Globovisión al servicio de la tiranía, la hegemonía comunicacional de la izquierda bolivariana era un hecho, a medias. Solo quedaba la prensa escrita, fantasma de democracia al que se puede asfixiar con el control de cambio que incide sobre la compra de papel. Pero el control en alguno de los casos no llegó por esa vía. A finales de 2013 se concretó la venta de la Cadena Capriles y a mediados de este año se conocieron los detalles de la cuestionada venta del diario El Universal. Ambas transacciones, como en el caso de Globovisión, generaron salidas a granel de periodistas, columnistas y colaboradores que denunciaban presiones. Así, el único gran medio que queda medianamente de pie ante la razzia oficialista es El Nacional.

RCTV fue el único que murió de pie, digno. Para el momento en que Hugo Chávez lo sentenció, La Entrevista y Los chismes de la Bicha no le daban tregua al régimen. Las costuras sobre las verdaderas motivaciones del cierre se hicieron evidentes cuando luego se ordenó la salida de las cableras de RCTV Internacional. El gobierno quedó desnudo. Querían al canal destruido, desaparecido y lo lograron. No sé cómo fueron las cosas aguas adentro, si negociaron o intentaron vender, pero lo cierto es que siempre dieron la impresión de no estar dispuestos a mercadear sus convicciones con unos facinerosos. Para otros fue más fácil prostituirse y bajar el tono a cambio de que no les quitaran las concesiones o que Conatel no los siguiera asfixiando; pero olvidan que prostituta siempre es prostituta aunque vista de Prada y que si bien, tienen televidentes y lectores, siempre hay unos cuantos que dudan de su reputación y hablan a sus espaldas de su mala vida. Al menos yo, ya no veo Globovisión y a pesar que respeto a las putas que venden sus cuerpos por dinero, me indigestan las que aceptan dinero a cambio de bajar el tono.

Daniel González González

@GonzalezGDaniel

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