domingo, 27 de julio de 2014

¿Control de cambio o control de vida?

Todavía hay quienes dicen algo como: “a mí no me afecta el control de cambio, yo no viajo”. Una frase como esa resume dos cosas. Por un lado, ignorancia supina respecto a un tema básico y por otro, una mente estrecha donde solo germinan las ideas sembradas desde los medios públicos.

Más de once años tenemos los venezolanos sobreviviendo a un cada vez más estricto control de cambio, que ha mutado de un solo tipo de cambio a un mix de ellos, todos ineficientes. Lo cierto es que hoy, el control de cambio es más criollo que la arepa en el desayuno. Es como la octava bandera de la bandera o una rama de araguaney, nuestro árbol nacional. En Venezuela, para esos que dicen que el control de cambio no los afecta, les cuento que se respira, se come y se duerme con control de cambio.

Venezuela está lejos de ser la potencia independiente en la que, según, algunos han querido convertirla. No hay industria en el país que no se vea afectada por el cierre del chorro de divisas. Hasta en los casos donde la materia prima sea 100% nacional, lo más probable es que la máquina que interviene en el proceso productivo no lo sea. ¿Y qué pasa si la máquina se daña? Una de las tantas cosas que puede pasar es que el repuesto no se fabrique en el país. Por lo que para conseguirlo, se necesitan dólares y mientras el repuesto no llega porque el Cencoex ni aprueba ni liquida los billetes verdes, está una máquina dejando de producir. Esto se traduce en una máquina parada y por ende, disminución de oferta de ese bien. Ausencia en anaqueles del producto y finalmente escasez. No puedo dejar por fuera la larga cola. Esto es apenas un vértice de este polígono de mil lados.

Cuando un venezolano quiere viajar al exterior, siente aún más el control del Estado sobre su vida. Aparte de que en los últimos años la cantidad de dólares a ser asignados se ha reducido drásticamente, el Estado, el rector de tu vida y tus viajes, te dice cuánto te va a asignar dependiendo del destino y duración de tu periplo, no tomando en cuenta tus necesidades, sino el simple hecho de que para ellos no es lo mismo ir a Colombia que a Dubai. Pero a la tortura que ya significaba el hecho de solicitar tus divisas, de acuerdo a los criterios establecidos, hoy parece más fácil conseguir una audiencia con el Sumo Pontífice que un boleto aéreo a algún destino internacional. El gobierno, irresponsable como siempre, dice que a las aerolíneas no les debe nada, que ellas han cobrado por todos sus servicios. Lo último es cierto, solo que han cobrado en una moneda que no vale nada ni en Venezuela. Lo que no es cierto es que no se les deba nada. Estas empresas deben convertir lo que cobran aquí en bolívares, en dólares y el gobierno tiene frenado eso. Pero el infortunio no llega hasta allí. Al regresar al país, puedes ser llamado al Cencoex a demostrar el “uso correcto” de las divisas que tú compraste con tu dinero, porque no es que te las regalan y mientras, los venezolanos aún no sabemos el nombre de las empresas de maletín que estafaron al país.

Pero esto no es todo. El control de cambio se ha convertido en un importante extorsionador político. No es un secreto para nadie lo que ocurre con los medios impresos de este país que no tienen una línea editorial pro gobierno. Como estos no tienen una concesión que pueden “retirar” como lo hicieron con RCTV, se han valido entonces del control de cambio para asfixiarlos con el tema del papel. El papel sobre el que se imprime no está en Venezuela, los medios deben importarlo y para hacerlo deben pasar por la estructura burocrática impuesta por el gobierno para tal fin. Con no aprobar durante mucho tiempo y en la medida en que los inventarios de los periódicos caen, la presión aumenta. Lo que no entienden los que piensan que el control de cambio no los afecta, es que cualquiera puede tener un amigo o familiar periodista, camarógrafo o de cualquier otra profesión u oficio que trabaje en alguno de estos medios.

El gobierno lo confesó esta semana. Lo dijo Aristóbulo Istúriz sin tapujos. El control de cambio no es una medida económica, es política y dijo algo que es cierto y que siempre he pensado. Mientras ellos gobiernen tendremos control de cambio. ¿Y qué significa eso? Que mientras ellos gobiernen nuestras vidas, a través de ese control, la economía no mejorará. Seguiremos con nuestra inflación cerca del cielo, nuestra escasez más criolla que el joropo y un grupete de estafadores aprovechándose de los controles.


Daniel González González.

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