martes, 21 de enero de 2014

Decir adiós...


Decir adiós no es fácil. La sola palabra implica perder un beso, dejar ir una caricia o no recibir nunca más su abrazo. Quizá por eso le tememos tanto a la muerte. El adiós más largo y eterno. Sabes que ese a quien se traga la tierra nunca más podrá regalarte ni una sonrisa, ni fastidiarte con un regaño.
Hoy dije adiós. Adiós a una ilusión y a un sentimiento. Mis dedos, así como mis ojos, lloran. Estas líneas son ese llanto. Hoy me despedí de abrazos, de besos y de caricias. De una sonrisa. De una cabellera negra y de una piel un tanto canela que me enloquecía. Aunque no sé si realmente la despedida fue hoy, porque también me despedí de sus ausencias y sus hastíos. Y sé que es un adiós como el de la muerte, por eso me dolió tanto. Porque fue un adiós sin un abrazo. Un adiós ahogado entre sus risas y solo por eso sé que fue mejor decir adiós.

El amor o el afecto, para mí, es un sentimiento que se expresa. No se tiene guardado en la gaveta de las posibilidades. Cuando amo, cuando quiero; lo digo, lo grito y lo escribo. He llegado a pensar que eso tiene que ver con la muerte de mi tía Daniela hace ya tantos años. La mañana antes de su muerte discutimos por una tontería, doce horas después, solo pude ver su cadáver dentro del ataúd. Se fue para siempre y quizá el último recuerdo que se llevó de mi fue el de la discusión en la mañana. Sé que ella sabía que la amaba, que la idolatraba con el alma, pero nunca se lo dije. En ese instante, la vida, con sus golpes certeros, me enseñó a decir te quiero, te amo, gracias, te extraño y hasta te necesito. La vida es una ruleta. No sabes en que momento alguien a quien quieres te lo arrebata lo inexplicable.

De este adiós siento que me voy sin deudas. Entre otras cosas porque me fui queriendo con el corazón y con cada poro de mi piel, pero para mí fue necesario. Una relación no se sostiene con una sola persona. Nada que esté diseñado para sostenerse con dos miembros puede hacerlo solo con uno. Por algo un diálogo es de dos y un monólogo de uno. En el camino el diálogo se convirtió en monólogo. De los te adoro pasamos a los SI, OK y HABLAMOS LUEGO. Del hablar hasta el amanecer pasamos a detestarnos todo el día y ya. Una relación sana no se sostiene con amarguras ni egos descontrolados. El amor hacia los demás pasa necesariamente por el amor que uno se tiene y cuando sientes que sabes más de esa persona por su TL de Twitter que por lo que conversa contigo, hay algo que no marcha. Me fui siendo el culpable de todo, según su apreciación. Tal vez. Aunque siempre he pensado que así como se necesitan dos para enamorarse, se necesitan dos para el proceso inverso. El tema, como en el de la evolución, no es preguntar algo en el que las partes en pugna jamás podrán ponerse de acuerdo, como ¿fue primero el huevo o la gallina? En materia de relaciones, echarse las culpas sin asumir las propias tampoco es lo mejor.


Me llevo un monólogo atragantado, preguntas sin respuestas y respuestas sin preguntas. A veces el adiós es así. No te da tiempo de nada. Solo sé que quise sin condiciones y que si me llevaran a un juicio podría demostrar cuanto le quise, pero a veces, incluso queriendo, decir adiós es necesario.

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