lunes, 14 de octubre de 2013

EL BCV y su deuda pendiente

@GonzalezGDaniel

En estos días en que el gobierno de Nicolás Maduro ha inventado un nuevo tipo de guerra, la económica, es bueno puntualizar algunas cosas. Hablando de inflación, por ejemplo, es preciso recordad que la propia Constitución Nacional, en su artículo 320 menciona que “el Estado debe promover y defender la estabilidad económica, evitar la vulnerabilidad de la economía y velar por la estabilidad monetaria y de precios, para asegurar el bienestar social”. Si en este momento se le aplicara al gobierno una prueba, lo único que sacarían sería un gran 01 en la boleta.
En el artículo 318, la Carta Magna también establece que el objetivo fundamental del Banco Central de Venezuela “es lograr la estabilidad de precios y preservar el valor interno y externo de la unidad monetaria”. Es insólito, pero en este caso, los sueldos de Merentes y Betancourt en su momento y el de Tovar hoy, además del directorio, han sido pagados precisamente para que ocurra todo lo contrario. Porque si del Banco Central existe una herencia en estos años es, a juzgar por los resultados, lo contrario a su objetivo.

A confesión de partes, relevo de pruebas. El último reporte de inflación del BCV a pesar de mostrar citas tan risibles como que “en el tercer trimestre se acumuló 11,0%, significativamente inferior al 15,8% del trimestre anterior”, desnudan la realidad de la ineficiencia de las autoridades del Banco en el control de la inflación. Tan sólo en septiembre la inflación intermensual fue de 4,4% y la acumulada durante los nueve meses del año llegó a 38,7%.

Sin embargo, la reseña del BCV omite de forma deliberada información pasmosa. La inflación en alimentos supera el 50%, más de 10 puntos porcentuales por arriba de la inflación general. Es decir, los directivos del BCV reciben un sueldo para menguarnos el poder de compra del bolívar. Vestirse es hoy una tarea más que titánica. La inflación acumulada en vestido es superior al 40%. Los equipos del hogar también han experimentado un alza superior al 50% en lo que va de año, según el BCV y restaurantes y hoteles, en conjunto, han incrementado sus precios casi 47%.

Es evidente que el Banco central de Venezuela tiene una deuda con el país. Su incapacidad para controlar los precios y para preservar el valor del devaluadisimo bolívar es una verdad inocultable. La gran pregunta sigue siendo: ¿Hasta cuándo los venezolanos seguiremos tolerando que nos maten de hambre? ¿Guerra económica o ineficiencia y complicidad gubernamental?



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