sábado, 23 de marzo de 2013

Maduro gana en abril, pero no llega al 2019


Lo primero que debo decir es que me gustaría estar equivocado, pero no creo que el 15 de abril amanezcamos con nuevo presidente. No se trata de Capriles. Se sigue tratando de Chávez y es que Henrique no está compitiendo con Maduro, lo está haciendo contra el espíritu de Chávez y su nefasta última voluntad. Y además de competir con Chávez, lo sigue haciendo contra un Estado abusivo, donde continúan las mismas doñas que no tuvieron empacho alguno en ponerse en el funeral del difunto presidente, el brazalete que identificaba a sus afectos.

Pero no es sólo el problema de las instituciones y sus jerarcas, es buena parte de eso que ha estado más puteado que una mujer de la mala vida de la avenida Libertador de Caracas, el pueblo, que tal cual como en esas novelas melodramáticas de Delia Fiallo, hará que se cumpla el deseo final del presidente fallecido a costa de lo que sea. Para ese pueblo lo que prevalece es ese cumplimiento y no las terribles circunstancias en las que hoy vivimos. Ese pueblo no entiende de dólar, ni de ley de oferta y demanda, ni de costos laborales y menos de las consecuencias de las expropiaciones. Ellos están convocados en estas elecciones a perpetuar la “revolución” bolivariana y eso harán.

Pero Maduro tiene un gran problema. No es Chávez y aunque intente parecerse “igualito”, es como un dibujo de caricatura, medio bufón. Y el problema no es que haya sido chofer de autobús. Incluso amigos inteligentes han esgrimido esto como parte del discurso para referirse a las debilidades evidentes del candidato del gobierno. Yo pienso todo lo contrario, el problema no es el origen. Es más, que buen mensaje se enviaría a la población si alguien con ese inicio humilde se superara tanto que llegara, por sus medios, a ocupar la primera Magistratura del país. Pero no es el caso, la única virtud aparente de Maduro es la desafortunada premisa de que es “hijo de Chávez”. Pero así como Jesús es el hijo de Dios, Maduro es el hijo de Chávez y el hijo nunca es igual al padre. Maduro no heredó el carisma del “padre” y menos, espero, la capacidad de embaucar que tuvo aquel para endilgarle sus responsabilidades a los demás. Era común escuchar entre chavistas que la culpa de determinado problema no era de Hugo sino de su gente y resulta que Maduro es de esa gente. ¿Será que dentro de la herencia también le quedó eso? No lo creo.

Así como creo que Maduro gana las elecciones del 14 de abril gracias a una combinación terrible que conjuga un Estado inservible y un pueblo que ha convertido a la palabra de Chávez en algo más sagrado que la de Dios, no creo que se mantenga como gobernante hasta el final de su período. ¿Por qué? Aunque la gente no lo quiera creer, el joropo que viene es para ponerse unas alpargatas de excelente calidad. Los chavistas no lo ven y acusan a los economistas que decimos que estamos mal de enemigos de la patria, pero lo cierto es que este gobierno en materia económica, así como en otras áreas no da pie con bola. Bueno, es como si yo, economista, me pusiera a pasar consultas de psicología. Puedo escuchar al paciente, pero de eso a ayudarlo el trecho es largo. El mismo gobierno ha demostrado que la única manera de mantener niveles elevados de gasto público, es entre otras cosas, a través de medidas como devaluaciones y aunque hoy por hoy se las disfraza bajo el ardid de “ajustes cambiarios”, son puras y simples devaluaciones para financiamiento de los déficits. La inflación se consume los sueldos. Nadie puede alquilar ni comprarse un carrito. Los supermercados ahora sólo exhiben estantes vacíos o llenos de un solo producto. La delincuencia se ríe de nosotros en la cara y los hospitales, esos que están para atender a los venezolanos que no ostentamos jerarquías gubernamentales, están en coma inducido. Esa es la realidad a la que se enfrenta Maduro, pero sin el carisma de Chávez, sin el poder de convencimiento de que el culpable es el otro. Muchos están esperanzados en que Capriles gana porque según, algunos chavistas han cambiado sus preferencias ante el mamotreto que es Maduro. Lo dudo. Así como hoy yo soy opositor hasta la médula y no seré mañana chavista ni porque me paguen, un chavista duro no se “cambia” a una opción de país en la que no cree.


El camino en lo que sigue creo que es claro. Con Maduro en el poder y este sabiendo por ejemplo, menos de economía de lo que sabía Hugo, las cosas van a empeorar y el pueblo chavista terminará sintiéndolo y ahora sin el líder carismático. El reto es capitalizar ese descontento para un referéndum revocatorio. Hacerle entender al chavista que no se trata de dos países, de dos modelos como siempre recalcó Chávez. Venezuela es una. La que padece y la que a fin de cuentas quiere salir adelante. Maduro aceptó el reto, pero estimo que ni el mismo sabe en el fondo el tamaño de su problema, porque entre otras cosas, heredó el terrible país que deja Chávez y a no ser que en el futuro se diga que las cosas están “así” porque San Chávez lo quiere, él, una vez ganadas las elecciones, será el único responsable de lo que aquí pasé. Con Chávez hay dos historias. La que cuentan los que nunca comulgamos con su proyecto y la de aquellos que le siguieron hasta el final, pero Maduro pasará a la historia simple y llanamente como malo. Para unos como la continuación del escabroso gobierno de Chávez y para otros, como el destructor de la “revolución” y mientras esto pasa, sólo puedo pedirle a Dios que tenga piedad de nosotros, que nos proteja en las esquinas y que de vez en cuando nos ponga en el camino un kilito de harina de maíz, preferiblemente y valga la cuña, la de empresas Polar, la del paquetico amarillo, la de toda la vida.  

@GonzalezGDaniel

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