sábado, 9 de marzo de 2013

Altos costos del transporte afectan la competitividad de Centroamérica


Los altos costos de transporte doméstico, sumados a los cuellos de botella en los cruces fronterizos, son las principales barreras para el comercio entre los países centroamericanos y con otros mercados alrededor del mundo.

Aunque más de uno se sorprenderá, llevar tomates desde San José de Costa Rica a Managua es más caro que hacerlo a San José, California, esto a pesar de que la distancia es aproximadamente diez veces mayor. Lo cierto es que según el Banco Mundial, el costo de transporte en América Latina y el Caribe es entre dos y cuatro veces mayor que en los países de la OCDE. ¿Por qué?
En teoría, llevar tomates de Costa Rica a su vecino Nicaragua debería ser tan fácil como el transporte de cientos de toneladas de esta fruta que se da semanalmente de España a Francia. Sin embargo, esto no es así. Para transportar los tomates ticos a Nicaragua las operaciones logísticas son caras. De hecho, para los grandes productores los costos por transporte y trámites de aduana pueden representar más del 30% del precio final de sus exportaciones y estos costos llegan a ser mayores para los pequeños productores.
El principal factor que influye en costos tan elevados es el transporte. Para grandes productores llevar los tomates desde las granjas hasta las fronteras representa un 7% del precio final, mientras que para los pequeños productores, los costos de transporte pueden alcanzar el 23% del precio de sus tomates, más de tres veces que los grandes productores. Esto se debe principalmente a la baja calidad de las carreteras secundarias, a las largas distancias y a las escalas de producción.
Otro factor clave que encarece los costos logísticos de los tomateros es el paso por la aduana. Sumados, los pagos por servicios de aduana en ambos países y las pérdidas debido a largos tiempos de espera representan un 10% del precio final de los tomates. En un día de mucha actividad en la frontera de Peñas Blancas, entre Costa Rica y Nicaragua, el paso de un camión de tomates puede tomar hasta 10 horas. Esto en parte porque, para productos perecederos como el tomate, los procedimientos de control fitosanitario deben hacerse en ambos lados de la frontera.
Felipe Jaramillo, director para Centroamérica del Banco Mundial, asegura que “aunque los cuellos de botella tienen un impacto en los costos en todos los segmentos de la cadena logística, los procedimientos fronterizos y la calidad de las carreteras tienen gran impacto en la competitividad de Centroamérica, particularmente en los pequeños productores. Centroamérica necesita atender estas barreras logísticas mediantes esfuerzos conjuntos entre gobiernos y medidas que no requieren altos costos fiscales, pero que ayudarían a facilitar el comercio y mejorar la competitividad de la región”.  
De acuerdo a análisis económicos, el potencial de Centroamérica se encuentra limitado por obstáculos logísticos y de transporte. Una serie de estudios del Banco Mundial señalan que los altos costos de transporte doméstico, sumados a los cuellos de botella en los cruces fronterizos, son las principales barreras para el comercio entre los países centroamericanos y con otros mercados alrededor del mundo. Según esta investigación, la falta de carreteras secundarias de buena calidad, los caros servicios de transporte terrestre y prolongados procedimientos en los pasos aduaneros son factores clave que no facilitan el comercio y afectan negativamente la competitividad de la región. Para ejemplificar la situación y tomando en consideración la infraestructura vial y la topografía, cubrir la ruta entre Nueva Guinea en Nicaragua y el puerto El Limón en Costa Rica, debería tomarle 10 horas a un camión de carga. Sin embargo, retraso por la mala calidad de las carreteras, desvíos por puentes en mal estado y tráfico en zonas urbanas aumentan una hora y cuarenta minutos al recorrido. Se agregan al menos dos horas adicionales al pasar la frontera, lo que implica que un camión puede tardar de trece a catorce horas, en lugar de las diez habituales.
Fuente: Banco Mundial
Daniel González G.

@GonzalezGDaniel

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