domingo, 10 de febrero de 2013

… a 5 minutos de una Casa de cambio donde compras dólares a 4,30


La nota de esta semana no iba a titularse así, pero un amigo me hizo llegar una de esas imágenes que conjuga el humor negro de los venezolanos con este realismo mágico que debemos padecer día a día. La imagen en cuestión presenta el logo del Gobierno Bolivariano de Venezuela y acto seguido se lee lo siguiente: “El concesionario que venderá todos los carros a precio regulado está al lado de donde venden el cemento y la cabilla regulada, a pocos metros del abasto donde se consigue pollo, harina Pan, Mazeite, azúcar, café y mantequilla (todo regulado) y a 5 minutos de una Casa de Cambio donde compras dólares a 4,30”.

Si la viera un lector desprevenido de algún país vecino o un turista recién llegado al país, de seguro no le encontraría sentido; pero cualquiera de mis lectores venezolanos, enseguida le encontrará el sentido. Una escena que representa de forma cruel a un  país que teniendo las reservas petroleras más grandes del mundo, es incapaz de proveerle a su población los alimentos más básicos, haciendo que uno se pregunte: ¿Y dónde está la cacareada seguridad alimentaria? Lo más insólito es que ni en Mercal, PDVAL o la red de abastos Bicentenarios hay comida. Me refiere una fuente que en los estados andinos, conseguir pollo, café, leche o carne es literalmente más complicado que “matar un burro a pellizcos”. Pero no es que no se consiguen en los grandes supermercados, esos centros acusados por este gobierno (así, sin mayúsculas) de crear escasez, desabastecimiento, inflación y cualquier otra cantidad de males; es que ni siquiera se encuentran en las redes de distribución públicas.
Me relata mi fuente el malestar que sintió al pasar la frontera y ver los supermercados de la hermana Colombia. Abarrotados como hace siglos no los vemos aquí. Con harina de maíz, café, azúcar y demás, en todas sus marcas y presentaciones. No como en esta desahuciada patria que por culpa de este gobierno irresponsable  casi nos hemos acostumbrado a llevar lo que hay y entonces, frente al producto escaso, ni usted ni yo podemos escoger. Sólo queda llevarse, resignado, lo poco que hay. Y así llega uno al supermercado y se consigue con una sola marca de pasta, otra de mayonesa y una sola presentación de papel higiénico. Hasta en eso este régimen ha sido perverso. No es el consumidor quien decide que compra. Ya ni ese poder de decisión tenemos. Como tampoco tenemos el de hacer mejoras en la vivienda cuando se quiera. Todo depende del cemento que deje la Gran Misión Vivienda, por ejemplo.
Y mientras los mercados gritan las consecuencias de los controles, el gobierno se empeña en seguir regulando, creando perversiones cada vez mayores. Lo que se está viendo con el dólar es terrible. Según el Índice BigMac, el bolívar es la moneda más sobrevaluada del mundo y mientras aquí se impone la tesis del Sr. Giordani de mantener el tipo de cambio fijo en 4,30 bolívares por dólar, aquí el precio de venta al público de muchas cosas, que van desde aparatos electrónicos hasta ropa, se está calculado a un tipo de cambio que ni dobla ni triplica, sino que multiplica por mucho el “tipo de cambio vigente”. Pero ese del que no se puede hablar es el que manda, porque además, según señaló en la edición pasada este mismo semanario, hasta funcionarios de Cadivi matraquean a las empresas con el tema de la asignación. En la nota firmada por Juán Avila, se afirma que “las empresas que requieran obtener dólares deben pasar varias alcabalas y dejar algo en cada una de ellas, y aun cuando entreguen toda la documentación necesaria, pueden pasar meses bloqueadas porque los directivos de Cadivi ‘aguantan’ las decisiones por un tiempo determinado para presionar a los solicitantes”.
Y para aquellos que piensan que esto es transitorio, sólo les puedo recordar que a 5 minutos de la casa de cambio donde compras dólares a 4,30, está el apartamento que puedes alquilar sin ningún inconveniente y cerquita, un poco más allá, las medicinas con precios regulados y los jabones medicados para pieles con dermatitis. Doblando a la esquina, los apartamentos y casas para alquilar como en los “peores” tiempos de la estigmatizada cuarta República.
La Venezuela de las libertades económicas se acabó. La Venezuela de la bonanza económica, terminó. Lo que está quedando es esta. La Venezuela donde el concesionario que venderá todos los carros a precio regulado está… a 5 minutos de una Casa de Cambio donde compras dólares a 4,30. La Venezuela de la nada. La Venezuela de la miseria.
Daniel González González
@GonzálezGDaniel

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