domingo, 27 de enero de 2013

A la vuelta de la esquina el mercado negro de vehículos


La producción de vehículos sigue en picada en el país y los precios en el mercado secundario son alarmantes. ¿La respuesta del Gobierno? Una ley para regular y controlar esta actividad para evitar la “estafa” y la “usura”. Este instrumento jurídico ya fue aprobado en primera discusión en la Asamblea Nacional, por lo que vamos en bajada y sin frenos a otro mercado negro más.

Lo que está ocurriendo con la compra y venta de vehículos en el país no es un secreto para nadie. Nada más hay que comparar los precios a los que se ofertan  determinadas marcas de vehículos en páginas web destinadas para este fin y los precios que las empresas fabricantes publican en sus sitios web, para darse cuenta de lo que ocurre. Un ejemplo. La página web de un importante fabricante de vehículos, menciona que una de sus marcas, modelo 2012, cuesta aproximadamente Bs. 132.000. El mismo vehículo, en una página web donde se muestran automóviles para la venta, es ofertado por Bs. 275.000. Una diferencia de nada más y nada menos de 143 mil bolívares. Ante esta realidad, a la parte del Gobierno que opera en la Asamblea Nacional no se le ocurrió mejor idea que presentar un proyecto de Ley que Regula la Compra y Venta de Vehículos Nuevos y Usados Nacionales e Importados. Pero, ¿realmente lo que necesita este mercado es una nueva ley?
El Gobierno no ha entendido el mensaje que han enviado los mercados que han sido regulados por su inviable legislación. En todos los mercados en los cuales han intervenido han generado eso que se conoce, bien como mercado negro o como economía subterránea. Hoy en Venezuela, no sólo tenemos entonces un mercado negro de divisas, en el cuál se transa el dólar a precios impublicables so pena de incurrir en violaciones de la ley vigente en la materia. También tenemos mercado negro de harina de maíz, azúcar, café y hasta de papel higiénico. Lo cierto es que cuando los Gobiernos intervencionistas, del cual el nuestro es un exponente sobresaliente, fijan precios máximos, el surgimiento de los mercados negros es casi inevitable y hasta se ha llegado a escribir, que son la respuesta del mercado a la intromisión estatal. Lo peor de todo es que los mismos operan bajo la tolerancia de las autoridades. Existe la ley que pena al supermercado que venda por encima del precio regulado o “justo”; pero no la que pena al buhonero, que frente al supermercado vende el bien por tres veces su “precio máximo”.
En la exposición de motivos de la ley que nos ocupa se menciona que “no se justifica que el Estado venezolano otorgue a las ensambladoras dólares a razón de 4,30 bolívares y se vendan en el mercado nacional los vehículos automotores calculado a 20 bolívares por dólar (no lo está diciendo ni quien suscribe ni el semanario, así aparece en el texto del proyecto de ley)… la Asamblea Nacional otorga las herramientas necesarias al Estado venezolano para que, con el presente instrumento jurídico, se regule y controle este tipo de actividad económica, a fin de eliminar los actos de estafa y usura en la comercialización de vehículos”. En efecto, el Gobierno entrega al sector dólares “preferenciales”, lo que obvia es el detallito de la frecuencia con la cual los entrega. Según las cifras de la Cámara Automotriz de Venezuela, la producción en el país, en el mes de diciembre de 2012, cayó tanto respecto al mes anterior, como respecto a igual mes del 2011. Así, en diciembre se produjeron 66,45% menos vehículos que en noviembre –en diciembre se fabricaron 3.014 frente a los 8.984 de noviembre- y 52,68% menos que en diciembre de 2011, pasando de 6.370 a 3.014 unidades producidas. ¿Por qué el Gobierno no ayuda e explicar este descenso en la producción de vehículos? ¿Qué explica que desde el año 2007, año en el que se alcanzó el máximo de producción anual de la década pasada, la producción apenas supere las 100 mil unidades producidas?
No puede decirse que hoy, la compra y venta de vehículos en el país se mueva en un mercado negro, fundamentalmente porque la venta no se produce en condiciones de clandestinidad ni ilegalidad. Hasta este momento, en el país sólo tenemos un mercado que refleja las fallas de un desequilibrio continuado a lo largo de muchos años y es que en tiempos de crisis, en un mercado en el que existen pocas unidades para vender y muchas personas dispuestas a comprar, estos últimos están dispuestos a pagar precios más elevados para comprar un bien limitado. El mercado de divisas es un ejemplo claro de ello. Sin embargo, si en vez de procurarse incrementar la producción para que aquel que desee comprar un vehículo lo pueda hacer directamente en el concesionario al precio publicado por el fabricante, lo que se hace es terminar de aprobar un adefesio jurídico como el mencionado, el mercado negro está a la vuelta de la esquina.   

Daniel González González.
@GonzalezGDaniel

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