martes, 20 de noviembre de 2012

LA CRISIS DE LOS DESALOJOS EN ESPAÑA


Conozca de cerca detalles de las acciones que derivaron la terrible situación que viven hoy cientos de familias españolas tras la “ola de desahucios”.

En la edición anterior, en un interesante artículo sobre la banca venezolana, se advertía sobre las consecuencias de otorgar créditos sin un estudio minucioso del riesgo asociado y como muestra de los dramas que puede generar una política de créditos errada, se puede citar como ejemplo la situación que en materia de viviendas se vive hoy en España, escenario que ha sido catalogado como de locura y lo cierto es que esta locura tiene cifras concretas. Desde el comienzo de 2008 se han abierto 350.000 casos de “desahucios” –lo que en Venezuela llamaríamos desalojos- y de este total se han ejecutado 172.000. De este total, una buena parte corresponde a primeras residencias, mientras el resto son viviendas en la playa, en la montaña o locales comerciales. Los otros 178.000 casos están en procedimiento judicial y después del último suicidio relacionado con los desahucios, el Gobierno español quiere actuar con urgencia.
Aunque no toda la banca española reconoce sus errores, algunos ejecutivos los admiten. Un ejecutivo de Bankia admitió que si no se hubiera concedido “créditos sin control, no se podría haber llegado a esta situación. Ha habido errores claros. La mejor demostración de ellos es que la morosidad en el crédito hipotecario en el segmento de los inmigrantes supera el 5% frente al 3% del conjunto del sector”. Una cifra que de seguro se incrementará por el aumento del paro y por la duración de la crisis, lo que ha provocado que haya dos millones de desempleados que no reciben prestación de desempleo y según la banca, es precisamente el desempleo una causa directa de este problema. “En un país con seis millones de parados es normal que mucha gente no pueda pagar sus deudas. Ahí se origina el problema y nos ha rebotado a nosotros”, dice la banca. Lo que generalmente no se dice es que muchos de sus clientes eran trabajadores con contratos temporales a los que les vendieron casas y apartamentos que suponían enormes deudas en relación con sus ingresos, situación que no cumple con el manual de las buenas prácticas bancarias de España y que nunca fue denunciado ni por el Banco de España ni por los auditores. Se llega a decir que algunas Cajas llegaron a confundir su vocación social con entrar completamente en el segmento hipotecario de los inmigrantes, así como las clases sociales más populares. Tomaron ese camino sin contar con los sistemas de control de riesgos adecuado.
El círculo vicioso puede ser descrito fácilmente. El auge inmobiliario necesitó mano de obra intensiva, lo que requirió el trabajo de los inmigrantes. Fueron a España a construir viviendas y les fueron concedidos créditos para que las compraran. Con la caída de la construcción, todo se desplomó. Ellos perdieron sus trabajos y van camino de perder sus viviendas.
Una oferta de aquellos tiempos del boom inmobiliario fue la “hipoteca bienvenida”. Se trató de un producto financiero especialmente pensado para inmigrantes y que era ofrecido por la intermediaria financiera CreditServices. Lo único que se necesitaba para acceder a este producto era contar con tres meses de trabajo en España. Así, el inmigrante podía obtener un crédito que cubría el 120% del valor de la vivienda. Los gastos y comisiones de gestión quedaban cubiertos y pasaba a tener una vivienda en España sin haber puesto un solo euro. El crédito lo concedían entidades de Estados Unidos y lo cierto es que este producto financiero conseguía unos 50.000 clientes al año.
En 2010, el presidente de CreditServices señaló que había siete millones de hipotecas, que si los bancos no hacían esfuerzos por refinanciar, iban a caer. Esas son precisamente las hipotecas “bomba” sobre las que ahora pende la espada de Damocles de posibles desalojos o en el mejor de los casos, impagos.
Uno de tantos dramas
El que se narra es un fragmento de un trabajo de la corresponsal en España del The New York Times, Suzanne Daley. “Francisco Rodríguez Flores y su esposa, Ana López Corral durmieron en el portal de su edificio la primera noche tras ser desahuciados. Sus hijas, ambas desempleadas, lo hicieron en la furgoneta de un vecino”. Como esta, hay cientos de historias que se repiten a lo largo y ancho del territorio español.
Daniel González G

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