lunes, 15 de octubre de 2012

Sr. Presidente, sólo le pido seguridad


Presidente Chávez, sé que usted nunca leerá estas líneas, pero lo cierto es que yo necesito desahogarme de alguna manera y decidí hacerlo escribiendo. Si lo tuviera al frente le diría con mucho respeto que no soy de los más de ocho millones de venezolanos que confiaron en usted, pero entiendo los vaivenes de la democracia. Ellos fueron mayoría y los más de seis millones estamos sujetos a esa realidad, ni más ni menos.

Ya usted lo ha dicho. A pesar de que la oposición a su gobierno creció en número de votos, sus ideas no tienen marcha atrás y lo cierto es que lo queramos o no, usted viene con todo con eso que llama socialismo del siglo XXI. No pretendo cuestionarle sus políticas económicas, ni las leyes extrañas que ha creado, como esa de Costos y Precios Justos y no lo haré porque lamentablemente los venezolanos todos, los que lo siguen y los que no, nos hemos tenido que “amoldar” a la situación económica del país. ¿Cómo combatimos la inflación? Bueno, teniendo más de un empleo o “rebuscándonos”, matando tigres, pues. Sí, porque a diferencia de usted y de sus más cercanos colaboradores, éste es un país donde a las oficinas, las damas llevan sus catálogos de Avon para ofrecer a las compañeras productos de belleza con el fin de generar algunos ingresos extras. Un país donde muchos caballeros, después de su jornada laboral, se ponen a manejar un taxi para completar el sueldo, ó en muchos casos, simplemente viven del taxi porque le genera más ingresos. Pero usted sabe Sr. Presidente que ese taxista no tiene garantizada la seguridad social, ni la Ley de Política Habitacional, etc. Y también sabe que es muy posible que encuentre la muerte, que cada día está más “a la vuelta de la esquina”.
Pero no es de eso que quiero hablarle, Sr. Presidente. En este gobierno, un látigo tan feroz como la delincuencia en todos sus niveles, se ha trasformado en una especie de bien público. Le explico. En la teoría económica el bien público se caracteriza porque su consumo es no rival y es imposible la exclusión de alguien. La seguridad nacional, por ejemplo, es un bien público. En teoría, el hecho de que cualquier venezolano se beneficie de la seguridad, no implica que otro deje de hacerlo y es imposible que por ejemplo, ante un ataque extranjero, los cuerpos de seguridad protejan a unos venezolanos y a otros no, es decir, no hay posibilidad de excluir. Ahora bien, hoy por hoy, un fenómeno que está cumpliendo con esas propiedades es la inseguridad, que si bien no la provee el Estado, existe la opinión generalizada de que poco se ha hecho para frenarla. La inseguridad no distingue entre chavistas u opositores, blancos o negros, El Guarataro o Caurimare, católico o evángelico. No, Sr. Presidente. En estos momentos no es seguro andar a pie, ni en carro, ni en el Metro, ni en la camionetica por puesto. Y le escribo esto por una razón muy sencilla. Contra la inflación cada uno lucha como puede. Igual contra la escasez, el desempleo y que decir de la falta de electricidad en algunos sectores. Bueno, si se va la luz, prendo la vela. Si el agua se pierde por unos días, se almacena en el tanque o en los pipotes. Si me enfermo y no tengo un seguro, bueno nada, voy al hospital y pido la cita para que me la den para después del funeral. Pero Sr. Presidente, ¿cómo hacemos con la inseguridad? ¿No salimos de las casas? ¿Ó seguimos con el toque de queda autoimpuesto que muchos llevamos? Usted tiene en sus manos todo el poder para frenar esta terrible situación que nos amenaza a todos. Es más, si quiere, no lo haga por los que no votamos por usted. Hágalo por esos más de ocho millones de venezolanos que al igual que nosotros están expuestos al malandraje que campea libremente por nuestras calles y avenidas. Igual si sólo lo hace por ellos, nosotros nos beneficiamos también, porque a fin de cuentas la seguridad es un bien público. Si siente que no puede solo, haga como María Bolívar, pida una “ayudaíta”. Ella no llego en las presidenciales ni después de la ambulancia, pero como nos hizo reír en los momentos de tensión con ese sketch al estilo “Qué Locura” que nos regaló esa mañana memorable por Globovisión. Estoy seguro que si usted pide esa “ayudaíta” no le van a decir que no. Es más, propóngase demostrarnos a los que no votamos por usted que estábamos equivocados. Si usted a los venezolanos nos da buenos empleos, mejores salarios, supermercados abarrotados de comida, un excelente sistema de salud pública; la posibilidad de vender, comprar o alquilar vivienda con libertad, desarrollo, seguridad, entre otras cosas; le apuesto que a nadie le va a importar bajo que sistema económico lo está teniendo. Y si eso no está en sus planes, al menos denos seguridad, que con lo demás, nos defendemos solitos como lo venimos haciendo hasta ahora. 

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