sábado, 6 de octubre de 2012

Mis motivos para no votar por Chávez


Corrían los últimos años de la década de los noventa y en mi país, aparecía en la escena política un personaje nefasto. Con un verbo no sólo encendido sino incendiario, reapareció Hugo Chávez prometiendo entre otras cosas “freír la cabeza de los adecos”. Su discurso se aprovechó de las miserias del “pueblo” y de los “pecados capitales” de una democracia que llegaba ya a sesenta años. Se alzó con el triunfo y tomó el poder en el año 99.
Han pasado más de diez años de aquel episodio y mañana aspira a ser reelecto. Tiene la desfachatez de pedir nuevamente votos, de pedir otra oportunidad, como si todo el tiempo que ha gobernado no ha sido suficiente. Tiene la desvergüenza de pedir votos a las madres, hermanos y familias enteras que han llorado la muerte de sus hijos ante la mirada indolente de un gobierno que ha cedido las calles al hampa, a un gobierno donde un hijo de puta “pran” manda más que la ministra de Asuntos Penitenciarios. Como diría Griselda, ¡por los orejones de Carmenza! También pide votos a esos pueblos que han estado a oscuras durante largos meses por culpa de la ineptitud de su gobierno en materia eléctrica. Primero la culpa fue del “Niño”, después de la Niña. La sequía producto de los dos anteriores también tuvo las manos metidas en el desastre y cuando vino la lluvia y se llenaron las represas y era imposible echarle la culpa a los fenómenos meteorológicos, satanizó a la pobre “iguana” comecables que para colmo de males se reprodujo y su prole cual pandemia, se expandió por todos los estados dejando al país a oscuras.
Yo recuerdo cuando mi madre me mandaba al supermercado. Cuando me paraba frente a los anaqueles y tenía la oportunidad de escoger entre tanta variedad, a veces deseaba tener más dinero del que llevaba para comprara todo aquello. Hoy para mí hacer las compras es deprimente. Harina no hay, leche tampoco. Conseguir papel higiénico es una odisea y ni hablar de algunos jabones que como el que usa mi sobrina, fue recogido del mercado ante la aplicación de ese bodrio que se llama Ley de Costos y Precios Justos. Y no me venga nadie a decir que eso es culpa de los “comerciantes”, porque como economista sé perfectamente cómo funciona eso de la oferta y la demanda y a quien quiera, se lo explico. Hoy, uno no compra lo que quiere, compra lo que encuentra.
No olvido tampoco a RCTV, un canal que sí, se le venció la concesión y el Gobierno aprovechó esa coyuntura para callarles la boca a Berenice Gómez y a Miguel Ángel Rodríguez.  No voto este 7-O por Chávez porque no creo en un gobierno que es incapaz de escuchar las críticas legítimas que se le hacen. Porque los chavistas más recalcitrantes piensan que sólo se le hizo daño a esos dos periodistas y a los dueños del medio, pero no. Cientos de personas, desde la señora que limpiaba, pasando por el que iluminaba un estudio del canal, se quedaron sin su sustento de la noche a la mañana. Su único delito fue trabajar en un canal que le mostró a Chávez el país que él no quería y aún no quiere ver y que él, creyéndose un Dios todopoderoso decidió cerrar.
Pero la tapa de la olla mondonguera la puso ya cerrando esta campaña. En ese momento terminé de sentirme más humillado que nunca como ciudadano. No importa que no tenga agua, luz, casa. Tampoco importa que el hampa me tenga encerrado en la casa con un terror indescriptible de salir a la calle. Lo que importa es la patria. Me dio risa porque sé que se lo vendió a un sector del país que sí se alimenta de toda esa parafernalia ideológica, entiéndase, patria, imperialismo, lucha de clases, majunches, pitiyanquis, etc. Yo siempre he sido más mundano. Me importa tener luz, agua, casa, vivir sin temor y comprar las cosas que quiero y me gustan. ¿Qué rayos hago con patria si no puedo salir a la calle a disfrutarla? Y lo cierto es que votaré por una opción que me garantice tranquilidad, empleo, inversiones y desarrollo para todos.
La democracia puntofijista tuvo sus errores y negarlo sería imperdonable. Retomarla sería un error y aprender de los desaciertos de Chávez en los últimos años es fundamental. La democracia nos dejó la lección alternancia de la alternancia en el poder y Chávez nos enseñó que desatender las necesidades básicas de un pueblo pasa sus facturas. Mañana se vota la continuidad de este desastre o la transición hacia un país mejor. Todos saben como votaré y eso no me preocupa. Tampoco soy quien para decirte como votar pero cuando estés frente a la máquina, detente a pensar y visualizar tu futuro. No está en juego la patria, está en juego la paz.

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