lunes, 6 de agosto de 2012

El Manifiesto Comunista de 1848 en la Venezuela de 2012


Una vieja publicación que data de 1848, pareciera estar sirviendo de guía para las actuaciones en materia económica del Gobierno. Haga un poco de historia con nosotros y juzgue usted mismo.

Recordemos un poco de la historia patria de los últimos años. En julio de 2008 el presidente Chávez anunciaba la nacionalización del Banco de Venezuela y por lo se recuerda y se lee en la prensa de aquellos meses, la negociación no fue en muy buenos términos. El presidente diría que el vicepresidente en ese entonces, Ramón Carrizales “recibió un mensaje de los dueños del banco que ellos no están interesados en vender, entonces ahora yo les digo: Yo estoy interesado en comprar y vamos a nacionalizar el Banco de Venezuela”.  Más de un año más tarde, se formalizaba la compra de la que fue hasta 2009, la filial en Venezuela del Grupo Santander. En octubre de 2010, el mismo presidente Chávez firmaba el decreto de nacionalización de Agroisleña, asegurando en el programa Contragolpe transmitido por el canal del Estado, que esto permitiría “avanzar hacia la seguridad agroalimentaria y bajar los costos de producción”. En agosto de 2005, se crea por disposición constitucional el Banco del Tesoro. ¿El accionista? La República Bolivariana de Venezuela. ¿Su función? Responder a la necesidad del Estado de contar con un órgano para fortalecer un nuevo modelo económico. En 2008 se nacionalizaron tres cementeras: la mexicana Cemex, la suiza Holcin y la francesa Lafarge, bajo el argumento de que estas empresas sacaban el cemento al exterior en detrimento del mercado venezolano. Si continuamos, la lista podría dejarnos sin espacio para abarcar el tema.
Si bien en el capítulo IV del Proyecto Nacional Simón Bolívar se deja claro que el “Estado conservará el control total de las actividades productivas que sean de valor estratégico para el desarrollo del país y el desarrollo multilateral y de las necesidades y capacidades productivas del mundo social” y se establecen las políticas y estrategias para el establecimiento de un modelo productivo socialista, este documento no es tan claro y menos parecido a lo que ha transitado el país en los último años. Existe un documento que data de entre en 1847 y 1848, cuya autoría se le atribuye a Karl Marx y Friedrich Engels, que pareciera estar siguiéndose en el caso venezolano, casi como se dice en criollo, “al pie de la letra”.
El documento es claro en cuanto al objetivo de los comunistas y establece que estos buscan “formar la conciencia de clase del proletariado, derrocar el régimen de la burguesía y llevar al proletariado a la conquista del poder”. No se muestran tampoco remilgos a la hora de referirse a la abolición de la propiedad y se basa en esto, con el precepto de que la propiedad privada está abolida para “nueve décimas partes de la población”. Pero hay más, se señala algo que de una forma u otra ha venido ocurriendo en la Venezuela de estos años, el “proletariado” –de alguna manera representado por el Gobierno de turno-, se ha valido del Poder para despojar paulatinamente a la burguesía de todo el capital, de todos los instrumentos de la producción, centralizándolos en manos del Estado, es decir, “del proletariado organizado como clase gobernante”.
El tratado señala algo que a los venezolanos nos ha tocado ver muy de cerca, la forma “despótica” como se ha actuado en algunos casos contra la propiedad. El Manifiesto señala que al principio “esto sólo podrá llevarse a cabo mediante una acción despótica sobre la propiedad y el régimen burgués de producción”. ¿Coincidencias? Vaya nuevamente al primer párrafo de esta entrega. Lo que sigue es premonitorio y no existe evidencia empírica que dé fe de los buenos resultados, mucho menos cuando los modelos que han intentado seguir estos caminos, han revertido esos procesos y una de las pocas banderas del comunismo, Cuba, está sumida en la más extrema pobreza para las clases no gobernantes. El texto señala que esas medidas, aunque de momento parezcan económicamente insuficientes e insostenibles, “en el transcurso del movimiento serán un gran resorte propulsor y de las que no puede prescindirse como medio para transformar todo el régimen de producción vigente”, el capitalista, claro está.
El Manifiesto Comunista de Marx y Engels, señala diez medidas a ser aplicadas en los países que decidieran emprender esta aventura hacia lo desconocido y es claro al afirmar, que estas no podrán ser las mismas en todos los países y que algunas de las que podrán ser aplicadas de manera general, son las siguientes:
1.    Expropiación de la propiedad inmueble y aplicación de la renta del suelo a los gastos públicos.
2.    Fuerte impuesto progresivo.
3.    Abolición del derecho de herencia.
4.    Confiscación de la fortuna de los emigrados y rebeldes.
5.    Centralización del crédito en el Estado por medio de un banco nacional con capital del Estado y régimen de monopolio.
6.    Nacionalización de los transportes.
7.    Multiplicación de las fábricas nacionales y de los medios de producción.
8.    Proclamación del deber general de trabajar; creación de ejércitos industriales principalmente en el campo.
9.    Articulación de las explotaciones agrícolas e industriales; tendencia a ir borrando gradualmente las diferencias entre el campo y la ciudad.
10. Educación pública y gratuita para todos los niños y prohibición del trabajo infantil en las fábricas bajo su forma actual.
Al menos cuatro de esas medidas se han venido aplicando en Venezuela durante los últimos años del gobierno del presidente Chávez. La expropiación de la propiedad de empresas de distintas ramas, dan cuenta de que estas actuaciones no son al azar, están planificadas y responden al fin de cambiar el modelo de producción. La gran pregunta es: ¿Hemos mejorado? Basta revisar la larga lista de denuncias de por ejemplo, ausencia de cemento en el sector privado o la dificultad para conseguir las semillas que antes de la intervención del Estado, distribuía Agroisleña, la hoy roja y bolivariana Agropatria.
Respecto al transporte, los más grandes sistemas del país, el Metro de Caracas y el Ferrocarril de los Valles del Tuy, están en manos del Estado y los planes de expansión de ambos sistemas, también. ¿Prestan un buen servicio? Haga la prueba en las horas pico en alguna estación del Metro de Caracas –aunque a veces para vivir la ineficiencia no hace falta que la hora sea pico- o intenté viajar hacia Charallave o Cúa, entre las cuatro de la tarde y las ocho de la noche en cualquier día normal.
En cuanto a la banca, el Gobierno nunca ha disimulado su interés en el monopolio del sector por parte del Estado. Las amenazas han sido constantes y las actuaciones más que evidentes. Se nacionalizó el Banco de Venezuela y se han creado varios bancos con la finalidad de ir desplazando a la banca privada, de hecho, hoy existe un Ministerio de la Banca Pública y aunque la banca del Estado no ostenta los mejores índices de intermediación crediticia del sistema bancario nacional, sus instituciones están entre las principales del país por activos. En las estadísticas de la Superintendencia de bancos y que han sido reflejadas en el Ranking Bancario que mes a mes y sin interrupciones les trae este semanario, el Banco de Venezuela lidera la cartera de créditos. Tampoco puede olvidarse que en el aumento del tamaño de la banca pública, influyó en cierto grado el que muchas de estas instituciones asumieron las obligaciones de las que fueron intervenidas por el Ejecutivo en fecha reciente.
Si bien el derecho de herencia no está abolido, las nuevas formas de adjudicación de propiedad parecen ir en esa dirección.
De alguna manera, el Gobierno a procurado incrementar las fábricas nacionales y articular las explotaciones agrícolas e industriales, aunque por lo que se ha visto, no ha sido más que un estrepitoso fracaso.
Sólo dos cosas pudiesen evaluarse como positivas, la aplicación de impuestos progresivos y la educación de los niños y en ninguno de los casos, el actual gobierno ha puesto verdaderamente mano dura.
Y culmina ese apartado del Manifiesto con una utopía mayúscula. “Tan pronto como (…) hayan desaparecido las diferencias de clase y toda la producción esté concentrada en manos de la sociedad, el Estado perderá todo carácter político”. Nunca se ha visto y no creo que se vea, jamás.
Les presentamos los elementos objetivos de juicio, saque usted sus conclusiones y piense hacia donde vamos.
Daniel González G.

No hay comentarios:

Publicar un comentario