lunes, 11 de junio de 2012

El sector eléctrico en América Latina y el caso Venezuela


En América Latina, en la mayoría de los países, coexisten en el sector eléctrico empresas públicas y privadas. Aunque las perspectivas de crecimiento de la demanda influencian las nuevas inversiones, lo que verdaderamente determina estas últimas son los marcos regulatorios de cada uno de los países. Mientras muchos de los países de la región avanzan hacia modelos que garanticen la seguridad y el retorno de las inversiones, Venezuela retrocede hasta niveles literalmente de oscuridad.


A partir del proceso privatizador iniciado en la región en la década de los noventa, el sector eléctrico quedó dividido entre empresas públicas y empresas privadas. De las empresas privadas, la mayoría son transnacionales. Hoy por hoy, las pocas empresas de capital privado nacional que operan en la región son en su mayoría filiales de grandes grupos que se dedican a otros sectores, como es el caso de Colbún en Chile (propiedad del grupo Matte) y CPFL en Brasil (controlado por Votorantim, Bradesco y otros). Por lo que se sabe, estas empresas no tienen de momento planes para expandir sus operaciones fuera de estos países.
Con excepción de Chile, todos los países de la región tienen empresas de titularidad estatal en algún segmento del sector de la electricidad y muchas de ellas deben convivir con empresas privadas. Por su parte, en un importante número de países, la electricidad está en manos del Estado exclusivamente.
La distribución de los mercados eléctricos entre empresas públicas y privadas no ha variado de forma sustancial en los últimos años y tampoco hay perspectivas de que esto cambie siquiera en el mediano plazo. Aunque no se esperan nuevas nacionalizaciones ni privatizaciones de empresas eléctricas, en los últimos años se ha observado un incremento de la inversión privada en los mercados de algunos países de la región. Esto se ha debido a las buenas perspectivas de crecimiento del sector y marcos regulatorios atractivos y estables para los inversionistas.
De la misma forma que en otras regiones en desarrollo, la demanda de electricidad ha crecido sostenidamente en los últimos años y a un ritmo mayor que en los países desarrollados. Este desempeño se debe fundamentalmente a dos factores. Por una parte, el buen desempeño económico de la región y por la otra, el cambio de la composición sectorial del PIB hacia actividades cada vez más intensivas en electricidad. Aunque el consumo per cápita actual de la región es menor al de los países desarrollados, se espera que el crecimiento del consumo sea sostenido en las próximas décadas, al igual que en otras regiones en desarrollo como Asia.
Ahora bien, lo que verdaderamente marca el ritmo de la inversión privada en el sector no son las expectativas de crecimiento de la demanda, sino el marco regulatorio de cada uno de los países.
Los marcos regulatorios
En Brasil, el cambio más importante en el sector eléctrico fue la constitución de subastas para la construcción de nueva capacidad generadora a partir de 2004. A través de este sistema se le asigna un contrato de compra de energía con las distribuidoras a las empresas que ofrecen los precios de electricidad más bajos. Con la garantía de ingresos por 20 años, las empresas iniciaron la construcción de plantas generadoras con buenas condiciones de financiación, con lo que se logró ofrecer en las subastas, energía por un precio de 67 reales por megavatio hora para grandes hidroeléctricas en 2010 y a 102 reales el megavatio hora para la energía eólica e hídrica y el gas en 2011. La mayor parte de los proyectos fueron presentados por empresas privadas, aunque en algunos casos algunas grandes hidroeléctricas se asociaron con Electrobras para de alguna manera contar con un apoyo implícito del Gobierno a los proyectos. De igual manera Electrobras ha disminuido su porcentaje de la capacidad generadora de 71% en 2003 al 36% en 2011.
A las favorables condiciones regulatorias se les suma las buenas perspectivas del negocio en los segmentos de transmisión –a través de licitaciones- y de distribución, dado el tamaño del mercado eléctrico brasileño y su expectativa de crecimiento. En Brasil, además del crecimiento de la economía en general, crecen especialmente los sectores más intensivos en el uso de energía. Debido a esto, las principales empresas eléctricas del mundo tienen especial interés en este país y las que ya están presentes tienen planes de expansión.
Por su parte, Chile es el único país de la región donde absolutamente todo el sector eléctrico se encuentra en manos privadas. En este país los incentivos para la inversión han venido del lado del crecimiento de la demanda que ha estado influenciada por el auge del sector minero que ya representa un 39% del consumo eléctrico nacional. Los proyectos eléctricos que recibieron el permiso ambiental entre 2007y 2011, sumaron 32.700 millones de dólares, monto bastante elevado al comparársele con los 3.900 millones de dólares de los cinco años anteriores. Mientras tanto, en Perú, la media anual de inversiones en el sector pasó de 310 millones de dólares entre 2001 y 2005 a 903 millones entre 2006 y 2010.
En Argentina, aunque el consumo eléctrico ha experimentado un incremento a una tasa anual de 4,4% entre 2006 y 2010, este aumento no fue acompañado de un incremento similar en la capacidad de generación. ¿Por qué? La respuesta se remonta al año 2002 cuando el gobierno convirtió las tarifas a pesos pero no permitió que en lo sucesivo se incrementaran al ritmo de la inflación. Las empresas eléctricas del país consideraron que esta decisión constituía una modificación unilateral de las condiciones de sus concesiones y en su mayoría, iniciaron querellas contra el país ante el CIADI. Durante los últimos años las tarifan se mantienen en niveles que no incentivan la inversión en nueva capacidad, aunque en los primeros meses de este año el gobierno ha comenzado a corregir las distorsiones reduciendo los subsidios al consumidor. Hasta el momento del cierre de esta edición, las empresas del sector presentes en Argentina no han hecho públicos planes de expansión, dejando la ampliación de capacidad únicamente en manos del gobierno.
El oscuro caso de Venezuela
La Cepal señala que las restricciones de electricidad en el país han sido graves, cosa que ha estado a la vista de todos los venezolanos. El ente explica que la causa de estos problemas fue la sequía, argumento que se cae por su propio peso cuando aún hoy, hay apagones en muchísimas partes del país, sobre todo del interior. En el año 2007 se dio marcha atrás al proceso de privatización llevado a cabo en la década de los noventa con la nacionalización de todas las empresas privadas. Destacó entre esas nacionalizaciones la de la Electricidad de Caracas, que era propiedad de AES y que producía cerca del 10% de la electricidad en el país. Ahora bien, estas nacionalizaciones responden a una estrategia en la que priva la propiedad estatal de los activos en sectores considerados estratégicos y que comprende entre otros la banca, la siderurgia y el petróleo.
Tan fuerte fue el impacto de la denominada “emergencia eléctrica” que por ejemplo, en 2010, las actividades no petroleras del país experimentaron una contracción de 1,6%. El propio Banco Central de Venezuela tuvo que reconocer en su informe anual correspondiente a ese año, que esa contracción se debió fundamentalmente a dos factores, por una parte los efectos de la emergencia en el sector eléctrico y por la otra, la debilidad de la demanda de consumo de los hogares. En ese mismo año, las empresas manufactureras públicas reportaron una disminución de 21,9% de su valor agregado, debido fundamentalmente a las dificultades que enfrentaron las empresas públicas de Guayana, asociadas al programa de racionamiento energético. Cito estos datos ya que es la única información oficial que a pesar de intentar disfrazar la realidad sobre las consecuencias que los descuidos gubernamentales tuvieron en el sector eléctrico y la economía nacional en su conjunto, se acerca en cifras a las consecuencias de la ineptitud.  
¿Y cuál es la mayor transnacional eléctrica en América Latina?
La italiana Enel, de propiedad estatal, es la mayor transnacional en el sector eléctrico de América Latina. Para el momento de la fusión con la española Endesa, ambas eran complementarias en cuanto a su alcance geográfico. Mientras Endesa estaba enfocada en la Península Ibérica y América Latina, Enel dominaba el mercado italiano y los de Europa del Este. En la actualidad, la mayoría de los activos de la estatal italiana en América Latina funcionan bajo la marca Endesa.   

Fuente: Cepal
Daniel González González.

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