lunes, 11 de junio de 2012

Comisión Europea busca que accionistas costeen futuras crisis bancarias


La Comisión Europea quiere poner fin a aquel adagio de que “los bancos son globales cuando viven y nacionales cuando mueren”. La nueva propuesta del ente plantea que las instituciones costeen las crisis que generen, luego de que los países de la Unión han tenido que gastar varios billones de euros debido a las turbulencias del sector.


La Comisión Europea presentó una iniciativa para asegurarse de que las crisis financieras no la paguen los ciudadanos, sino las propias entidades. Aunque la propuesta salga adelante, la iniciativa no servirá para resolver el problema actual en que los bancos han metido a Europa, pero si lo hará para evitar inconvenientes en el futuro. La propuesta vendría a hacer frente de alguna manera a la paradoja planteada por el Gobernador del Banco de Inglaterra, quien afirmo que “los bancos son globales cuando viven y nacionales cuando mueren”. Con estas palabras, Mervin King, resumió las turbulencias de un sector que desde que empezó la crisis ha hecho gastar unos 4,5 billones de euros a los Estados. 
El ente espera poder poner de acuerdo al Consejo y al Parlamento Europeo para que el marco regulatorio entre en vigor durante la primera mitad de 2013. La propuesta supone un acercamiento a la unión bancaria de Europa, pero de igual manera evita crear un fondo común para todos los Estados miembros con el que puedan rescatar instituciones del sector financiero en quiebra. En lugar de esto, cada Estado miembro dispondrá de una especie de alcancía alimentada por el propio sector financiero. La norma en consideración establece que si un país requiere ayuda, los otros tendrán que socorrerlo a través de préstamos de sus fondos nacionales, los cuales deberán ser cubiertos con antelación con un 1% de los depósitos bancarios protegidos. José Manuel Barroso, el presidente de la Comisión Europea, señaló que “la propuesta es un paso esencial hacia la unión bancaria en la UE y hará al sector bancario más responsable”.
La iniciativa europea contempla fundamentalmente tres pasos a seguir ante problemas de los bancos. El primer paso es la prevención. Todo el plan se basa en el principio de que la prevención es siempre preferible, a actuar cuando la bomba ya ha explotado. Es por esto que cuando las autoridades detecten el deterioro de la situación financiera de una entidad, podrán tomar medidas como restringir actividades comerciales o cambiar aspectos legales u operativos del banco. El segundo punto es la intervención temprana de las autoridades y en esta fase es la solvencia de la entidad la que está en riesgo. Se refuerzan los derechos del regulador que puede convocar a los accionistas para proponer un plan de salvamento, exigir a la institución que diseñé un plan para restructurar la deuda o incluso nombrar nuevos gestores.
El tercer paso es el rescate y se daría cuando el banco en problemas esté próximo a la insolvencia y el interés público esté juego. Ante esta situación, el Estado contará con cuatro herramientas: Imponer la venta de todo o parte del negocio, crear un banco puente o lo que es lo mismo, una entidad pública a la que se transfiera el negocio; obligar a separar los activos o imponer pérdidas a los accionistas.
Lo cierto es que el instrumento no está diseñado para recapitalizar bancos ineficientes, sino para mantener la actividad normal de la institución. En ese momento se entra en la fase más agresiva del proceso. Para que se decrete es necesario que el regulador justifique que no existe posibilidad de que la institución sea solvente y que es necesario para preservar la estabilidad financiera.
El documento propone además, que accionistas y acreedores sólo podrán efectuar reclamos cuando el proceso haya concluido y tendrán derecho a indemnización si un juez decreta que el perjuicio ha sido mayor que el que habrían sufrido si la entidad declaraba la insolvencia.

Fuente: El País
Daniel González González.

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