sábado, 5 de marzo de 2011

REFLEXION TRAS LA MUERTE DE LINA RON


“La muerte solo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida”.  André Malraux, novelista y político francés.

Hoy me salgo un poco del tema económico porque siento que el momento lo requiere. Murió Lina Ron y queda en la memoria de quienes hoy estamos vivos en Venezuela, el recuerdo de una mujer cuya vida tendrá definitivamente dos lecturas. Por un lado estarán quienes dirán que fue una mujer luchadora o una incansable ficha de la Revolución Bolivariana. Otros apuntarán que fue una mujer intolerante, agresiva y violenta. Es lo menos que puede ocurrir tratándose de una mujer que sin duda, era capaz de  levantar las más bajas pasiones en los dos bandos en los cuales se ha divido la sociedad venezolana. Unos la amaban, otros la odiaban pero sin duda, para muy pocos era indiferente.

Cuando se conoció extraoficialmente de su deceso, los rumores empezaron a correr como pólvora en Twitter. Que si un infarto, que si se suicidó o que sufrió una sobredosis de algún barbitúrico fueron comentarios frecuentes en los 140 caracteres que permite la red social. Otros muchos comentarios de alegría y hasta de burla tras el fallecimiento inundaron la Web. ¿En que nos hemos convertido los venezolanos? Parece que en seres insensibles que no somos capaces de sentir el menor respeto por la muerte de alguien. Porque ya no es una cuestión de respeto para quien ya no está, sino para quienes le sobreviven. Porque imagino que esta señora dejará algún tipo de familia que de seguro estará afectada en estos momentos, como puede estar cualquiera en circunstancias similares.

Todos recordamos a Lina Ron asaltando las instalaciones de Globovisión en el 2009 y tomando el Palacio Arzobispal de Caracas en 2008. Eso no fue invento. Ambos asaltos fueron transmitidos por las cámaras de televisión venezolanas. También recordamos su discurso incendiario y plagado de insultos hacia quienes profesaban una forma distinta de ver al país. La gran pregunta es, ¿Vamos a seguir permitiendo los venezolanos que la política nos haga odiar a nuestros conciudadanos?

A mi juicio, Lina no entendía que las diferencias políticas son inherentes a la naturaleza humana. Desde allí parten las desigualdades. La desigualdad no es un hecho económico. La desigualdad es un hecho biológico. No todos somos blancos. No todos somos negros. No todos pensamos igual y eso debe respetarse. Los que hoy vivimos en Venezuela debemos entender que el pensar distinto no es delito, es un derecho que debe aplicar en ambas direcciones, tanto para el chavismo como para el no chavismo. Debemos procurar entender que en Venezuela cabemos todos indistintamente del color con el que nos identifiquemos y es por eso que al principio de estas líneas cito a Malraux; debemos reflexionar sobre el valor de la vida, en lo preciado que ésta es y en lo importante de preservarla para todos: rojos, amarillos, blancos, verdes.

Creo que Lina deja un legado, por lo menos para una parte importante de la población. El ejemplo de lo que no debemos ser y en lo que no debemos permitir que nos conviertan las circunstancias. Es válido tener nuestras ideas e ideologías, pero debemos defenderlas en el marco del respeto y la legalidad; no en el marco de la violencia y la anarquía. Por eso fustigo a todos aquellos que irrespetuosamente utilizan el poder que hoy nos da la tecnología a los ciudadanos a través de nuestros medios de comunicación personales, para burlarse o mostrarse alegres por la muerte de alguien. Entendamos, por favor, que multiplicando odios no sacaremos a Venezuela del atolladero en el que se encuentra.

Venezolanos, la justicia llega siempre, quizás no en los momentos que queremos pero llega. A veces no la de los hombres, pero de la de Dios no nos escapamos. Hago plegarias para que podamos aprender de estas lecciones de la vida y que esta, la muerte de Lina, no sea otra muerte fútil de la historia venezolana. Muchas cosas podemos aprender, sin duda.

Chavistas y no chavistas la recordaremos, desde dos perspectivas distintas claro está. Pero lo verdaderamente importante es estar resueltos a entender que ese otro venezolano que no piensa igual a nosotros; tiene el mismo derecho nuestro a respirar, vivir y expresarse y eso debemos defenderlo.
No conocí a Lina Ron. Solo me limité a verla por televisión en sus momentos tristemente celebres. No compartí sus creencias políticas y mucho menos su actuación pública, pero hoy que no está solo me queda desear paz a sus restos y hacer votos porque la polarización política en este mi país, empiece a morir.

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