martes, 17 de noviembre de 2015

Venezuela ocupa el puesto 186 del Doing Business 2016

¿Es fácil hacer negocios en Venezuela? La respuesta es no, si se toma en cuenta el reciente informe Doing Business 2016 del Banco Mundial. De un total de 189 países examinados, Venezuela ocupa la posición 186.

El informe señala que en Venezuela es difícil comenzar un nuevo negocio debido al aumento de los costos de incorporación.

Para iniciar un nuevo negocio en Venezuela deben realizarse al menos 17 procedimientos, que consumen unos 144 días. Esto contrasta con la realidad de Singapur, que según el Doing Business 2016 es el lugar en la tierra donde es más sencillo hacer negocios. Allí, apenas son necesarios 3 procedimientos y el proceso de inicio no lleva ni tres días (2,5 días).

Para registros de propiedad, el informe menciona que el número de procedimientos asciende a 9 y el proceso puede tomar 52 días.


Daniel González G.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Consumidores indefensos

En menos de un mes me ha tocado pasar por experiencias bastante desagradables como consumidor de distintos bienes y servicios con empresas de relativo “buen” nombre en el país y el motivo de este texto es el de procurar hacer entender, tanto a las empresas como a otros que han pasado por situaciones similares a la mía, que los consumidores somos una fuerza importante y determinante en los mercados, pero que para actuar y exigir mejoras en los productos y servicios que consumimos debemos estar unidos.


El martes 1° de septiembre fui con unos amigos al Cinex del Centro Comercial El Recreo con la intención de disfrutar de la función de Los 4 fantásticos en la sala 4DX de ese complejo. Cuál es nuestra sorpresa cuando no hay nadie atendiendo en la taquilla destinada exclusivamente a la venta de boletos para este servicio. Al dirigirnos a otra de las taquillas de venta, todas con infames carteles donde se leía Solo efectivo, la señorita, chocante y repelente cual empleada de cualquier ministerio u organismo público de este país, nos informa que no había puntos de venta funcionando. En un país donde los cajeros automáticos son capaces de escupirte mil seiscientos bolívares entre billetes de 50 y 20 bolívares, ¿Cinex pretende que los consumidores tengamos las carteras del tamaño de un kilogramo de harina de maíz para pagar las entradas y posiblemente las cotufas?

Otro caso reciente me ocurrió con Inter, empresa de televisión por suscripción y proveedora de servicios de internet para el hogar. Estos señores decidieron no emitir más facturas en físico, imagino que por temas de papel o tinta, o ambos, y los inconvenientes, como era de esperarse llegaron. Cuando mi padre fue a pagar recientemente, le informaron que no le podían recibir el pago porque tenía una factura vencida. ¿Una factura vencida? Pues sí. Mi padre no tenía forma de demostrar que él había cancelado el servicio ya que no tenía factura física y el único comprobante “válido” de pago era un mensaje de texto que había llegado a mi teléfono celular en el que se leía claramente que Inter había recibido el pago el día x a la hora y. Tuve que ir yo hasta Charallave, perder una mañana de trabajo para demostrarles a estos señores que mi padre tenía la razón. ¿Inter me va a pagar el tiempo perdido? Obvio, no. Pero eso no fue todo. Hace aproximadamente un mes se hizo la solicitud de un nuevo módem porque el que teníamos se dañó. Ese día me enteré que la orden de reconexión nunca se había cargado en el sistema, es decir, el módem nos lo iban a llevar el mismo día que Hugo resucite de entre los muertos. Aquí debo hacer un inciso. La atención del personal de la oficina de Inter en Charallave es muy buena y la señorita que me atendió estuvo siempre dispuesta a ayudarme e incluso se disculpó por los inconvenientes causados.

El mismo día del episodio de Cinex y ante mi negativa casi iracunda de hacer lo que ellos querían, es decir, que pagara en efectivo, terminamos comiendo helados. La experiencia tampoco fue muy grata en Yogen Fruz. Lo primero que nos indicaron es que aparte de que no había punto de venta, lo único que había disponible era lo que estaba exhibido en la nevera. Lo que estaba en el material publicitario, completo, no existe. Cuando pregunté por qué no había punto de venta, la respuesta, en tono casi de regaño, fue que había una falla en el centro comercial.

Como consumidor puedo entender que las empresas, todas, sientan los coletazos de la crisis que vive el país. Puedo hasta entender que te den un cuarto de servilleta o que te acompañen los combos con las benditas yucas en sustitución de las gloriosas papas imperiales, pero lo que me niego a atender y menos a aceptar es que las empresas abusen de su poder, cuando es bien sabido que los consumidores también lo tenemos. No puede ser que las empresas no inviertan en formación para su personal de atención al cliente o que permitan que atropellen a los clientes en sus narices. ¿Quién supervisa a la infame señorita de la taquilla de Cinex? Los consumidores por separado no somos nada, pero unidos podemos poner de rodilla a cualquier empresa; sin embargo, para defender nuestros derechos como consumidores somos tan malos como en la defensa de nuestros derechos políticos y económicos.

Al cierre de esta nota me tropecé en Instagram con un episodio narrado por el actor Hector Manrique que da cuenta de cómo nos atropellan en todo lugar y a toda hora. Ocurrió en el Farmatodo de Los Palos Grandes. ¿La victima? Una niña de 13 años. ¿La victimaria? La cajera, quien se negaba a venderle toallas sanitarias hasta que la adolescente, imagino que indignada y vejada, decidió mostrarle a la hija de su gran madre el pantalón ensangrentado en la entrepierna. Aplaudo a Hector Manrique por compartir la experiencia, pero imagino que el resto de los que allí estaban, terminado el show creado por la indolencia, siguieron haciendo la cola con sus dos champús en mano alimentando las arcas de quienes se han convertido en cómplices de tantos vejámenes. El día que aprendamos a defender a los demás consumidores, a unirnos a su sufrimiento, a dejar los productos en los estantes y dejar de comprar en masa en apoyo a alguien a quien están humillando, ese día habremos avanzado como sociedad y posiblemente estaremos más cerca de ser un mejor país. Las empresas no deben olvidar que ellos son solo una cara del juego económico, la de la oferta. Los consumidores somos el lado de la demanda y sin nosotros, ¿a quién van a venderle?

No te quedes callado y si crees que tienes una historia que compartir, te invito a que te tomes un par de minutos para hacerlo. Dejar en evidencia al abusador es el primer paso en estos casos.

@GonzalezGDaniel

lunes, 11 de mayo de 2015

El mango mágico, único e irrepetible

Si antes creíamos que un mango era útil solo para preparar jalea o un delicioso sorbete, hacer jugo o simplemente comerlo así en estado natural, de seguro esa percepción cambió desde hace un par de días. Resulta que sirve, además; mejor dicho, sirvió como medio para hacerle llegar al presidente de la República información sobre nuestras carencias.


Era día de inauguraciones y Nicolás Maduro estaba protagonizando el acto en el estado Aragua. El evento estaba relacionado con la llegada de nuevas unidades del sistema TransMaracay. Como la propaganda psuvista siempre pasa por hacer que la masa se identifique con el líder, el show debía incluir al jefe de Estado conduciendo uno de los buses y a los lados del mismo la acostumbrada corte de profesión vividores del gobierno y oficio entregador de papelitos. Todo hubiese seguido tal cual estaba previsto hasta que un mango apareció en escena, entró justo por la ventanilla donde se encontraba tan ilustre conductor y le dio un tanganazo en la cabeza.

El video se hizo viral y las ocurrencias en Twitter se referían al hecho como el manguicidio. Y preciso aquí me detengo un momento. ¿Cómo diantres un mango traspasa las barreras de seguridad presidenciales? Yo no sé ustedes, pero quien suscribe tuvo la sensación de que la plata en seguridad presidencial se está perdiendo. Es decir, se supone, que a pesar del bululú y el zaperoco, la seguridad del presidente está formada por una serie de anillos prácticamente infranqueables, pero resulta que alguien le dio con un mango en la cabeza al primer mandatario y nadie se atravesó para detener el golpe. Con honestidad, no es que me preocupe mucho la seguridad del presidente, partiendo del principio de que a él le importa un rábano la mía, pero lo cierto es que como pudo ser un mango también pudo ser otra cosa. Quizá por esta razón es que luego se hace referencia al mango en un programa de TV, se crea toda una fábula respecto a él y se obvia la existencia de un video donde al parecer el presidente se deshace del fruto.

Pero fuera como fuera, montaje o realidad, resulta que el episodio del mango prometía una segunda parte que trascendía lo viral del video con el que algunos opositores nos carcajeábamos. Cuando muchos esperábamos que al autor intelectual del manguicidio le abrieran una investigación y fuera sometido al escarnio público como suelen hacerlo estos personajes, la historia dio un giro impensable. El autor intelectual y material era una mujer de 54 años que pidió un mango porque tenía hambre y se lo lanzó al presidente porque no tenía un papel donde escribirle “si puede me llama”. La señora en cuestión se hizo acreedora, pisataria o lo que sea, de un apartamento. ¿WTF? Así como lo escucha. El mango hizo magia y la mujer obtuvo con su hazaña lo que al común de los mortales nos lleva años, sudor, lágrimas y una deuda hipotecaria incluida. Bravo, por ella, pero lo cierto es que si alguien se quería copiar usando mangos, naranjas, mandarinas, melones o patillas y escribiendo en ellos si puede me llama, necesito un carro, ayúdame con la tarjeta de crédito del Venezuela, necesito Glucofage o lo que sea, se fregó. La ventanilla se cerró y me imagino que hasta la blindarán.

Debo confesar que por un momento me preocupó lo que podría pasar con el melocotón de los trópicos en este país. Imaginé que la Asamblea Nacional, en solidaridad con el presidente agraviado, podía dictar una ley que prohibiera al árbol dar su fruto o que se mandaran a cortar las matas cercanas a las rutas por donde conduce el hijo de Chávez, pero a los pocos días mi preocupación se derrumbó. Maduro cerraba la ventanilla porsia las moscas y dejaba constancia de que el mango mágico maracayero era como la calabaza de Cenicienta que se convertía en hermosa carroza, único e irrepetible.


@GonzalezGDaniel

El efecto Lucifer en Venezuela

“Cuando el poder se alía con el miedo crónico, se hace formidable”
Eric Hoffer

Es posible que en algún momento fueron bebés hermosos, con miradas tiernas y expresiones sublimes. Hoy algunos de estos tienen aterrorizado a un país entero y han hecho del crimen una fábrica eficiente de producción de cadáveres. Quizá en el país, hoy, ellos fabriquen más muertos que autos las ensambladoras. En una sola semana tres hechos fueron noticia. Ya en Venezuela no se usa ese cliché de estremecieron a la opinión pública, se llega al fueron noticia. Son tantos los muertos y tan frecuentes las noticias sobre ellos que para el venezolano ya es tan normal como hacer la cola para comprar el papel tualé. Nadie se horroriza. Nadie se espanta. Todos somos cómplices desde el silencio y el miedo. El martes asesinaron a un Polichacao, respondía al nombre de Daniel Serrano y le dispararon en la cabeza. El viernes las cámaras de seguridad del Centro San Ignacio captaron el momento en que un delincuente descargaba su arma contra un conductor y el sábado unos bandidos asesinaron a un mayor del ejército en el estacionamiento del Gama Express en Chuao.


¿Qué hace que ese adorable niño, de rebosantes cachetes y tierna mirada, se convierta en un asesino? Phillip Zimbardo en el libro El efecto Lucifer da unas pistas. Ante la pregunta, ¿el mal es fijo e interno o mutable e interno?, la respuesta es que “nuestra naturaleza puede virar hacia el lado bueno o el lado malo del ser humano. Según esta perspectiva incremental, las cualidades se adquieren mediante la experiencia o la práctica intensiva o por medio de una intervención externa, como el hecho de hallarse ante una oportunidad especial. En otras palabras, podemos aprender a ser buenos o malos con independencia de nuestra herencia genética, nuestra personalidad o nuestro legado familiar”. Es decir, el entorno puede moldear esa sonrisa infantil hasta convertirla progresivamente en un rostro que proyecta odios y ejecuta sus resentimientos; en un ser capaz, por ejemplo, de disparar unas nueve veces a alguien a plena luz en el Centro San Ignacio, salir de la escena del crimen como si nada y burlarse de la oficial de policía a quien le dice dónde está el muerto. ¿Cómo? A través de un entorno familiar con despotismos y carencias, en muchos casos donde los niños ven y son víctimas de abusos y donde no se imponen reglas ni se diferencia entre lo socialmente aceptado como bueno y malo. Pero la deshumanización también puede alcanzarse por otras vías.

Recuerdan ustedes los casos de Kleivert Roa y de Marvinia Jiménez. La respuesta de cómo se llega al asesinato de Kleiverth pasa por el tratamiento dado por las autoridades al caso de Marvinia. Marvinia fue agredida con brutalidad el lunes 24 de febrero 2014 en el sur de Valencia por una manada enardecida de funcionarios de una cosa llamada la Guardia del Pueblo. En una entrevista publicada en el portal Runrun.es, se asegura que la sargento segunda Josneidy Nayarit Castillo Mendoza, vista por el mundo entero protagonizando el brutal hecho y con orden de aprehensión desde el 2 de marzo del año pasado, no se ha presentado y se le ha visto por la calle como si nada. ¿Hace falta que le explique cuál es el mensaje que este tipo de aberraciones judiciales transmiten a uniformados y colectivos que reciben su diaria dosis, en cadena nacional, de que “los otros”, entre los que orgullosamente me incluyo somos apátridas, pelucones y que no volveremos? Un año después, Kleiverth, un muchacho de apenas 14 años fue asesinado por un funcionario de la PNB en la carrera 15 del Barrio Obrero de San Cristóbal.

El mismo Zimbardo explica que la deshumanización “es uno de los procesos centrales de la transformación de las personas comunes en victimarios indiferentes, incluso sin sentido del mal”. Esto fomenta la percepción de que las otras personas son menos que humanos y hace que algunos vean a otros como enemigos que merecen torturas, tormentos o peor aún, la aniquilación. El detalle está en que este proceso no solo se construye en hogares disfuncionales. El Estado y su aparataje pueden propiciarlo como ya he señalado. En la Alemania nazi, Julius Streicher, editor de un periódico semanal llamado tuvo la idea de presentar en su periódico propaganda antisemita que luego fue transferida hasta los libros escolares que leían los niños alemanes. El objetivo de la propaganda educativa era presentar una concepción deshumanizada de los judíos. Por estos días, la propaganda oficial venezolana se empeña en mantener al aire algunas imágenes donde se menosprecia por sus ideas a dirigentes de la oposición y en consecuencia, a las personas que le siguen.

La deshumanización quedó más que evidente en el programa En tierra hostil que se grabó en el país, cuando las periodistas entrevistaron a un hampón que sin temblarle la voz y con absoluta tranquilidad habló de asesinatos y secuestros como cualquiera de nosotros puede hacerlo del último viaje fuera del país y de lo lejos que vemos el próximo. Para esos monstruos somos menos que humanos, que solo merecemos estar vivos si ellos pueden obtener algún beneficio económico. Así está Venezuela, dominada por el efecto Lucifer.


@GonzalezGDaniel

martes, 21 de abril de 2015

Procter & Gamble informa precios justos de sus productos

La filial venezolana de la multinacional americana Procter & Gamble dio a conocer el día de hoy un listado con los Precios de Venta Justos de los productos que comercializan en el mercado venezolano y que en muchos de los casos están regulados por el gobierno nacional.



Dentro de los productos que se encuentran en el listado están los enjuagues bucales y cepillos de dientes de la marca Oral B, detergente líquido marca Ariel, además de máquinas y cartuchos de máquinas para afeitar.